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Colegios en concesión

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Los colegios en concesión están dando muy buenos resultados. A esta conclusión se llegó en la evaluación que hicimos con un equipo del Instituto de Estudios Urbanos de la Universidad Nacional, y que acaba de ser publicada por la Secretaría de Educación: Aprendizajes y Retos de los Colegios en Concesión de Bogotá.

Investigaciones anteriores han llegado a resultados similares. El Concejo aprobó vigencias futuras para que la ciudad pueda contratar 13 colegios más y pase de los 22 actuales a 35.

Esta decisión es consecuente con los hallazgos de las evaluaciones, y no se debería interpretar como un desprecio a los colegios distritales convencionales. Por el contrario, los colegios en concesión están mostrando alternativas de prácticas gerenciales y pedagógicas que deben estimular los avances de los colegios oficiales.

La modalidad de los colegios en concesión comenzó con la primera administración de Peñalosa. El operador recibe el plantel y unos recursos que oscilan alrededor de $2,5 millones por alumno y por año. El colegio es autónomo en la selección de maestros, métodos pedagógicos y modelo administrativo.

El Distrito entregó las concesiones a entidades con experiencia en educación, con la obligación de que atendieran a niños y jóvenes de bajos ingresos. En el contrato se definieron metas que el operador debía cumplir en términos de logro, repitencia, deserción, etc. Estos criterios se han cumplido.

Los 22 colegios son administrados por entidades como Cafam, Calasanz, Colsubsidio, Don Bosco, Fé y Alegría, así que el colegio concesionado se articula al proyecto educativo respectivo, y esto le permite aprovechar las experiencias pedagógicas.

Los colegios en concesión efectivamente están atendiendo a la población de más bajos ingresos. En 2015, 75% de los estudiantes de los colegios en concesión pertenecían a Sisbén 0, 1 y 2. En los colegios oficiales la participación de esta población era de 71%.

No hay duda que los colegios en concesión están vinculando a estudiantes provenientes de familias pobres.

Y, finalmente, los colegios en concesión obtienen mejores resultados que los colegios oficiales en casi todos los indicadores analizados: menor deserción; mayor aprobación; mejores puntajes en las pruebas Saber 9 y 11, tanto en matemáticas como en lenguaje; menor repitencia; menor ausentismo; mayor acceso a instituciones de educación superior (incluyendo al Sena); menor embarazo adolescente.

Habría tres explicaciones al relativo éxito de los colegios en concesión. La primera es el alto margen de maniobra del rector. Esta posibilidad gerencial no existe en los colegios oficiales.

La segunda es la jornada única. Es conveniente, entonces, que la Secretaría de Educación y el Ministerio continúen avanzando hacia la generalización de la jornada única. Y la tercera explicación está relacionada con el compromiso que logran los colegios en concesión alrededor del Proyecto Educativo Institucional (PEI), que no es tan claro en los colegios oficiales.

Las enseñanzas de los colegios en concesión deberían ser asimiladas por los planteles oficiales, del tal manera que progresivamente se vaya cerrando la brecha entre ellos. Entre ambas modalidades de formación debe haber complementariedad para aprender mutuamente. Esta convergencia dinámica será favorable, sobre todo, para los estudiantes.

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