Analistas

Sí o Sí

Hay momentos en la vida donde el ser humano debe enfrentar decisiones difíciles y casi nunca cuenta con la información completa para hacerlo de manera racional. Decidir una carrera para estudiar, elegir una ciudad o país para vivir, casarse o no con determinada pareja, tener hijos o no. Ante enfermedades complicadas apoyarse en la fe, o priorizar el pensamiento científico con los medicamentos y procedimientos que han desarrollado en la comunidad médica. Con información parcial o distorsionada muchas veces el ser humano recurre al instinto como soporte para una u otra decisión. Las emociones permiten subsanar las variaciones que vienen con la asimetría de datos.

Juan Manuel Santos ha apostado la totalidad de su capital político al proyecto de firmar la paz. Desde hace algunos días, el escenario nacional se viene adornando y maquillando con la firma de un cese el fuego bilateral, luego se filtró que la anunciada firma total de los acuerdos se daría a finales de agosto, y posteriormente apareció la bendición de la Corte Constitucional para llevar a cabo un Plebiscito. A la vuelta de dos a tres meses el país estará enfrascado en la campaña por aprobar, o no, los acuerdos finales. 

Los que vivimos en 1989 aún recordamos los asesinatos infames de Luis Carlos Galán Sarmiento y otros candidatos presidenciales. Lo que hoy sufre México con el narcotráfico y el “Chapo” Guzmán, lo que sufren Europa y Estados Unidos por culpa del Isis fue muy parecido al caso nuestro en esa década. Los enfrentamientos de Pablo Escobar, “El Mexicano” Rodríguez Gacha y los temibles hermanos Rodríguez Orejuela, contra el Estado colombiano, cobraron miles de vidas y ríos de sangre solamente por evitar la controvertida extradición. 

Hace pocos días cuando se conmemoraban 25 años de la Constitución del 91, el país recordó que la séptima papeleta se originó en un grupo de estudiantes que decidieron dejar a un lado que los políticos tradicionales tomaran las grandes decisiones de Colombia. Ante el reinante caos, un grupo de ciudadanos impulsó un cambio que, aunque resultó imperfecto y con errores, creo que le dio un impulso a la poca institucionalidad que hoy tenemos vigente. Podríamos decir que triunfaron las ideas sobre las armas.

Recuerdo cómo fue mi voto, pues era la primera vez que usaba la cédula. Aunque no había ni comenzado la Universidad, mi análisis adolescente y argumento personal ese 9 de diciembre de 1990, como el de muchos otros compatriotas, era dejar una huella al elegir uno de los 70 delegatarios a la Asamblea Constituyente. Sin tomar en cuenta las hojas de vida en detalle, decidí entregar mi primer voto como ciudadano a la lista única de la Alianza Democrática M 19. 

No llevaban ni un año de haberse desmovilizado como grupo guerrillero, y los que sobrevivieron del M-19, se convirtieron de alguna manera en parte de la voz de esa otra Colombia que reclamaba a gritos un cambio institucional. La consigna entre estudiantes de colegios y universidades de la época era que se dieran cuenta que los apoyaríamos siempre que mantuvieran la línea de hacer política con las ideas, sin armas ni terrorismo.

Dentro de dos meses volveré a mi pensamiento personal. Ha llegado un punto de quiebre nuevamente como el de hace 25 años, y las diferencias esta vez son de forma y no de fondo. Por supuesto que todos queremos ver a los jefes guerrilleros en la cárcel, reparando a miles de víctimas con el dinero del narcotráfico y respondiendo por crímenes de lesa humanidad como secuestro, extorsión y reclutamiento de menores. ¿Canjear estos deseos, por el final de un conflicto sangriento? Esa es decisión muy personal y que cada uno responsablemente tomará. 

Sin conocer detalles del acuerdo final prefiero votar por un potencial futuro diferente para mis hijos, nietos y futuras generaciones. Espero que se desmovilicen rápido y que pronto estén pagando planillas PILA e impuestos en la Dian como todos los demás. Sí o sí preferimos las ideas a las armas.