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Analistas 04/02/2022

Seguimos inflados

Jorge Hernán Peláez
Columnista y periodista de Al paredón del Diario LR

La inflación es un mal que siempre aterra a los economistas. Luego de la etapa de pandemia entre 2020 y 2021 las economías del mundo se acomodaron y regresaron a cierto tipo de normalidad finalizando el año pasado y comenzando en 2022. Estados Unidos, una de las más grandes del mundo ha sufrido el fenómeno, tanto así que la Reserva Federal tiene proyectadas tres o más subidas de tasa de interés para este año. Sumado al efecto de un valor de barril de petróleo por las nubes, los artículos que presentan mayor inflación en ese país son los arrendamientos de carros, obviamente el precio de la gasolina y los precios de los carros usados, un mercado históricamente muy dinámico pero que ahora tiene un freno inusual.

Países como Colombia también están viviendo el fenómeno de la inflación, lo que ha castigado el precio de muchos productos para el usuario final. El Banco de la República ya aumentó la tasa de referencia, y no se descarta que para el resto de 2022 se hagan otros aumentos para intentar controlar este perverso fenómeno.

Todo comienza con los confinamientos, que obligaron en varias latitudes, a cerrar fábricas. Esto complicó la producción, se redujeron los inventarios y, por supuesto, hubo una interrupción de las cadenas de suministro. Los que mueven los contenedores en el mundo, trayendo miles de suministros desde Asia para América, comenzaron a tener una sobredemanda, y los tiempos de entrega se alargaron porque todo se volvió un cuello de botella. Hay comercializadores de automóviles importados que están entregando a los usuarios el producto entre tres y seis meses después de la compra.

Lo más crítico, en términos de inflación para los hogares colombianos, es el aumento desbordado en algunos productos de la categoría alimentos y bebidas. Frutas, verduras, huevos, pollos y decenas de productos más, escalaron significativamente el precio al consumidor final. Una parte de ese aumento viene por la especulación de los transportadores en varias regiones del país. Por más tablas con tarifas reguladas y decretos que hayan sacado en varios gobiernos, el resumen es que aquí los transportadores cobran lo que les da la gana. Muchas veces se pegan del argumento del desabastecimiento, donde varios comerciantes deben convivir con un mercado completamente asimétrico y que difícilmente funciona con las leyes de la oferta y la demanda. En estos últimos meses, la excesiva especulación en precios de transporte ha hecho que algunos empresarios de ese sector se enriquezcan a costa de todos los demás.

Las cadenas de distribución no se quedan atrás. El margen de utilidad de cada producto en una tienda, minimercado o supermercado de gran superficie también viene “engordado”. El mundo de las bebidas, especialmente las alcohólicas, tienen unas cifras que nadie comprende. Pero los colombianos siguen consumiendo la categoría. Reuniones de amigos, familiares y vecinos han disparado los volúmenes de licoreras y empresarios del sector. Con la apertura de restaurantes, bares y gastrobares el consumo está en niveles pico. Lo más importante es que las autoridades tomen las medidas necesarias para evitar que pasemos de inflación a hiperinflación. Este segundo fenómeno lo han vivido países como Venezuela y Argentina. Es una espiral de la cual toma décadas salir.

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