Analistas

Río hizo la tarea

Brasil cumplió. Suramérica pone punto final a su primera olimpíada en toda la historia. Este fin de semana en el Estadio Maracaná de Río de Janeiro, un espectáculo de dimensiones impresionantes cierra el telón con el mensaje que muchos en el planeta esperaban que no se diera: simplemente Brasil cumplió. Se invirtieron US$12.000 millones en infraestructura para garantizar el transporte y seguridad. 85.000 efectivos de policía y ejército custodiaron la ciudad para tranquilizar a los extranjeros que fueron advertidos de zonas peligrosas. 

Para entender el contexto, Londres 2012 utilizó la mitad. Algunos periodistas brasileños hablaban antes de los juegos de una exageración, pero los resultados mostraron que la prevención salió relativamente exitosa. Salvo el incidente de los nadadores norteamericanos, Jack Conger y Gunnar Bentz, que fueron retenidos el miércoles a su salida de Brasil, y un bus de periodistas que fue atacado por delincuencia común, afortunadamente las grandes amenazas del Estado Islámico y el crimen organizado de las favelas no aparecieron. 

Las previsiones de inseguridad, inestabilidad política y el zika hicieron que la inversión publicitaria de las grandes marcas patrocinadoras se ralentizara localmente. Para los medios de Brasil con derechos el menor flujo de caja generó un efecto de mostrar a veces “otras cosas” diferentes en las olimpíadas, pero al final el ejercicio periodístico fue saludable. Las cadenas de las potencias como NBC de EE.UU. y la BBC del Reino Unido apostaron al show de una manera desbordada y con cubrimiento minuto a minuto de sus deportistas con posibilidad de medalla. Las grandes marcas estuvieron presentes físicamente en los escenarios y queda claro que en los próximos olímpicos en Tokio 2020 tendrán una fuerte presencia publicitaria por el modelo económico que usarán los medios tradicionales que ciertamente siguen apostando a los deportes en vivo como el gran gancho de atención ante la inminente explosión de contenidos en internet. 

Más de 500.000 turistas pasaron por diferentes escenarios y zonas de entretenimiento durante agosto, sin contar con los miles que vendrán luego para los juegos paralímpicos. Lo que más me llamó la atención, porque lo pude presenciar en escenarios de rugby, natación, tenis, gimnasia y baloncesto, es que en los primeros días rápidamente la bulla y alegría de los aficionados brasileños y argentinos contagiaron a los del resto del planeta. En algunos deportes los jueces pedían continuamente a los grupos de aficionados el acostumbrado silencio, pero al final se resignaron a que Brasil impusiera su estilo de celebrar cada set, cada mano, cada punto como si fuese un carnaval. Observar suizos, alemanes, chinos, británicos y africanos gritando en ese mismo estilo deja un gran mensaje de convivencia, tolerancia y espíritu deportivo.

Como el deporte no se puede desligar de la política multilateral, esta vez China y Reino Unido han competido por el segundo lugar detrás de Estados Unidos. Los británicos olvidaron por unos días el “Brexit” y China desbancará en algún momento a EE.UU. como potencia mundial económica y deportiva. Rusia tuvo que bajar la cabeza y esperar a 2018 su Mundial de Fútbol para cobrar venganza política de volver a mostrar los dientes.

En los próximos 100 años, ojalá la generación de nuestros nietos esté viviendo una segunda olimpíada en el sur del continente. Colombia puede aspirar, si se logran grandes desarrollos en infraestructura de las famosas 4G, aumentar niveles de inversión económica e industrial. Bogotá no podría ser por la altitud, pero Cartagena, Medellín, Cali o Barranquilla pueden soñar con un evento de esas calidades. Los chinos lograron organizar en pocos años la capacidad instalada. Los brasileños mostraron que sobrepasando las dificultades montaron el show más admirado por los aficionados al deporte cada cuatro años. Colombia debe aspirar a estos grandes eventos, se lograría si cambiamos mentalidad.