Analistas 10/04/2020

Primeras piezas del rompecabezas

Gradualmente se ha venido descubriendo el impacto social, emocional y mental que ha tenido la coyuntura de encierro forzado por cuarentena obligatoria. Estamos hasta ahora empezando la fase dramática del creciente ascenso por la curva exponencial, que es peor si se observara en los naturales ejes de números reales y no en escala logarítmica. Lo que pasa en Italia, Reino Unido, España y Nueva York exhibe lo frágil que es una sociedad cuando no se toman medidas a tiempo. En pocos días vamos a comenzar a contar muertes de a tres dígitos y ojalá se lograra diferir bastante el de conteos en miles. El problema es que la función exponencial, así se trate de aplanar, crece diariamente a ritmos demenciales.

Es un error únicamente contar cifras de contagiados, recuperados, hospitalizados y muertes por Covid-19. Eso es equivalente a mirar apenas una variable de la ecuación. Crecen cifras de personas con cuadros de depresión, violencia intrafamiliar, stress y enfermedades mentales. Luego algunas se vuelven otras enfermedades, con su respectivo pequeño porcentaje que eventualmente llega a los servicios de urgencias, y algunos también tristemente mueren. Las autoridades deberían mirar cifras de toda la población y no únicamente de la pandemia.

Los creativos de esta desconocida economía que viene, podrán innovar con juegos en línea, terapias, coaching, telemedicina, consultas remotas a esos nuevos enfermos. El uso intensivo en tecnología y conectividad va a llevar necesariamente a que alguien descubra un nuevo formato de compresión para audio, vídeo y transmisiones en streaming. Debemos aliviar las redes de telecomunicaciones ante el aumento inusitado de consumo de video.

Comenzaremos a ver pequeñas microempresas familiares, ofreciendo servicios que nunca hubiéramos imaginado. La gente comenzó a darle valor diferencial a ciertas actividades. Nuestras escalas están distorsionadas y en algunos casos esa realidad se va a mantener así. Las actividades tradicionales en algunos sectores están mandadas a recoger. La humanidad se va demorar mucho tiempo, por ejemplo, en reestablecer el turismo internacional. Comenzaremos con turismo local, donde se deben fortalecer los servicios asociados en cada país. El consumo de alimentos y bebidas cambiará de mezcla y canales de distribución. Productos de consumo masivo, salud y belleza especialmente, entran a revaluación. Artistas, cantantes, deportistas y otras profesiones de talento se enfrentan a la situación de tener que reducir honorarios de manera sostenida.  Las batallas legales, tribunales de arbitramento y demandas civiles comenzarán por todo lado. Desde grandes corporaciones hasta pequeñas van a ser arrastradas por abogados litigantes a procesos desgastantes, que consumen toda la energía de las personas. Los honorarios de los abogados muchas veces irán contra el éxito de dichos procesos.

Las familias con abuelos y adultos mayores deberán acostumbrarse a un distanciamiento obligado prolongado. Hasta que no aparezca una cura o vacuna, es una población con alto riesgo. Ciertas personas esperarán meses antes de volver a acercarse a sus padres o abuelos. Se tendrá un contacto intensivo por celular, conferencias y otro tipo de conexiones no en directo. Ese, para mí, es el aprendizaje más duro que tendrán que soportar muchas familias. Piezas de un cruel rompecabezas que tendremos que armar entre todos. Hay que ponerse de acuerdo en poner las primeras piezas desde ya.