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Dentro del análisis del genocidio que estamos viendo en vivo y en directo todos los días en las puertas de las clínicas o droguerías de nuestro país, cabe señalar que un gran responsable de las muertes que han ocurrido es la Nueva EPS. Si vuelvo y repito que es un genocidio, ahí que cumple la definición internacional: unas decisiones conscientes y sistemáticas de dejar morir a una población, los pacientes de enfermedades raras y de alto costo. El Estado los está matando a propósito con las decisiones deshumanizadas que han venido tomando. La Nueva EPS es protagonista de esta masacre.
Es una entidad en donde las cosas comenzaron a ponerse oscuras cuando, a mediados de enero de 2024, llegó al mando Aldo Cadena, compañero de guerrilla del presidente Petro. En ese momento, Nueva EPS ya era la más grande de Colombia, con más de 10 millones de afiliados. Recién posesionado, Cadena descubrió que estaba al frente de un monstruo de deudas imposibles, además de ya estar bajo la vigilancia estrecha de la Superintendencia de Salud. Cadena duró al frente apenas 11 meses, con muy discretos avances. Desde enero de 2025 hasta hoy, la crisis se ha profundizado. Luego de la salida de Cadena por la puerta de atrás, la entidad fue intervenida y se nombraron varios agentes interventores, entre ellos: Julio Alberto Rincón, Bernardo Camacho, Gloria Livia Polanía, Luis Óscar Gálvez Mateus y, desde marzo de este año, Carlos Eduardo Franco Muñoz. Cada uno de esos interventores poco o nada pudo hacer para solucionar los monumentales problemas. Todos con gestiones pírricas de periodos cortos.
Por el camino vino la capitulación de las cajas de compensación. Hasta antes de noviembre del año pasado, en Nueva EPS 50,1% del capital accionario era de Colsubsidio, Cafam, Compensar, Comfenalco Valle, Comfenalco Antioquia y Comfandi. El Gobierno venía pujando por decisiones, pero la entidad era controlada por las cajas. Petro aumentó la participación a 51% y desde esa fecha el Estado asumió el control mayoritario de la Nueva EPS, lo que implica mayoría en la junta directiva y en decisiones estratégicas como el modelo de atención y la política de pagos.
Desde 2023 no hay estados financieros oficiales de la entidad. La falta de entrega de balances durante estos años incumple principalmente disposiciones de la Ley 1314 de 2009 sobre contabilidad e información financiera. Hay una serie de requisitos que exige también la Superintendencia Nacional de Salud, descritos en varias circulares, que obligan a las diferentes EPS a publicar y reportar anualmente. Llevan tres años incumpliendo sostenidamente con el deber de transparencia y rendición de cuentas exigido en el marco de la inspección, vigilancia y control del sector salud.
Dicen que la culpa es de gobiernos anteriores o del hundimiento de la reforma, pero la gente ya se dio cuenta de que no fueron capaces de administrar. El resultado nefasto: colombianos muriendo todos los días. Si quisieran solucionar, para salir de la intervención el Gobierno debe primero pagar las deudas billonarias y luego construir los estados financieros. En lo que queda de Gobierno, esto no va a pasar. Van a dejar que siga muriendo gente. Para ellos, lo único que importa en estos meses finales es la campaña. Está muerta la Nueva EPS.
¿Que el nuevo orden mundial ha cambiado desde la llegada a la Casa Blanca de su nuevo inquilino? No cabe la menor duda. ¿Que eso supone que los que no estamos ni en un lado ni en el otro de quienes se quieren repartir el mundo tenemos que espabilar? Es una obviedad
Invertir distinto significa alinear retorno financiero con transformación estructural. Significa reconocer que la sostenibilidad no es una tendencia, sino una condición de competitividad
En contextos de alta incertidumbre, el tiempo se convierte en un factor determinante. En tiempos de crisis, la falta de decisión también puede tener consecuencias.