Analistas

La duda metódica de Colciencias

Renatus Cartesius (como es su nombre en latín) o René Descartes (como se le conoció popularmente) fue un filósofo, matemático y físico francés que desarrolló una poderosa herramienta que cambió para siempre la forma de hacer ciencia después del Siglo XVII.

El “método científico” que diseñó ha llevado a la humanidad en los últimos 350 años a descubrir nuevas fronteras del universo y desarrollar piezas tecnológicas antiguamente inimaginables.

El método cartesiano incluye cuatro pasos, pero el más importante, resulta ser el primero, la regla de la evidencia. Esta regla exige aplicar la duda metódicamente, es decir, cuestionar todos aquellos conocimientos que tengamos y que no sean evidentes.

La búsqueda de alguna verdad evidente se obtiene dudando de todos aquellos conocimientos que no sean intuitivos. La duda metódica consiste en dudar siempre, como las novias que son celosas, de todo; proponer hipótesis alternativas, dudar de ellas y luego refutarlas o irlas aceptando para así ir construyendo organizadamente la consecución de verdades.

Si Descartes viviera y pudiera observar el pequeño Babel de esta última semana en Colciencias, le daría un infarto fulminante. Las cartas que se conocieron ayer en medios radiales y los chismes que brotan, demuestran que algunos funcionarios pensaron que eso era un minimercado.

La contratación y los procedimientos son un problema. Los topes salariales, los perfiles, el desorden en las convocatorias, las intrigas, los impredecibles mandos medios, el envío de comunicaciones directamente al Presidente Santos, las llamadas y chats de Alfonso Prada pidiendo renuncias y las ollas que se destaparon por parte del saliente director César Augusto Ocampo Rodríguez dejan un muy mal sabor.

Ocampo había sido nombrado el 8 de marzo pasado. Acaba de aparecer el decreto 030 del 10 de enero del 2018 declarando insubsistente al incómodo personaje para alguien del gobierno. Por supuesto que lo más elocuente del decreto es lo que no está escrito en él.

Como diría Descartes, si tuviera que lanzar una hipótesis, puede ser que lo renunciaron por algo que descubrió y que desde la Presidencia prefieren mantener oculto.

Lo reemplaza Alejandro Olaya, actual subdirector de la entidad, quien por segunda vez asume la dirección encargada de Colciencias. Hace dos años, cuando Yaneth Giha fue nombrada en el Ministerio de Educación ya había estado al frente. ¿Desde esa época hay algo por esconder? Todo el incidente invita a dudar y varias hipótesis que resultan son terribles.

Invertir en ciencia, tecnología e innovación, es fundamental para el desarrollo económico y el progreso de un Estado. De esta manera lo describe la Unesco que viene apoyando a decenas de países en vías de desarrollo.

Cada punto del Producto Interno Bruto (PIB) que se invierta en ciencia retornará en beneficios de largo plazo. Hay potencias que invierten hasta el 3,5% de su PIB en este rubro. Una cifra cercana al 1% del PIB es razonable.
Colombia no puede decaer en desarrollo científico. Los siguientes gobiernos deberán volver a tomarse en serio este sector. Nueve directores de Colciencias en 8 años es inadmisible, ni que fuera el puesto de técnico de un equipo de fútbol.

En nuestro país se creó recientemente un estímulo para que las empresas privadas apoyen el proceso de inversión en ciencia y tecnología. Si el Estado no tiene la visión, ojalá los empresarios empujen el carro de la ciencia que tanto necesitamos. Tristemente debo aceptar dudo mucho que eso se convierta en una realidad.