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Conectemos a todo el país

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Jorge Hernán Peláez

En términos generales, Colombia necesita modificar su política pública para ser un destino atractivo de inversión para las empresas de otros países. Se requieren muchos cambios regulatorios, fiscales y especialmente incluir incentivos para compañías que hoy están observando posibilidades en todos los continentes. Ciertos temas van a ser desarrollados por el Plan Nacional de Desarrollo 2018-2022 y cada sector está buscando renovar el marco regulatorio para este fin. En el caso de la tecnología y las telecomunicaciones, por la velocidad con la que cambia esta industria convergente, es más que necesaria una actualización, o como lo han llamado desde el Gobierno, una modernización de las tecnologías de la información y las comunicaciones. Ciertas partes de la industria se siguen vigilando con la ley de servicios públicos de 1994, algo mucho más que obsoleto.

El proyecto de ley de modernización busca generar un entorno de seguridad jurídica que hoy por hoy no existe. Un tema sensible para empresas de tecnología, operadores, fabricantes y las gigantes de internet, es que se requiere un solo regulador, que agilice las decisiones competitivas y poder actuar de una manera más integral en el mercado. Uno de los temas que propone el proyecto es la creación de un fondo único. Hoy existen varios fondos específicos, tal vez el más conocido con recursos para desarrollo creativo de la televisión pública. La unificación permitirá desarrollar inversiones más eficientes, maximizando los recursos para contenidos públicos e infraestructura de telecomunicaciones.

La ampliación del tiempo de asignación del espectro permite amortizar inversiones, muy necesarias para ampliar la cobertura y poder ofrecer nuevas tecnologías a los usuarios de telefonía móvil e internet. La infraestructura de carreteras en muchos proyectos tiene horizontes de tiempo de 30 años. No debería ser distinto en los proyectos de tecnología, que suponen sumas cuantiosas. Pensando a largo plazo, los retornos de la inversión se vuelven más razonables.

La estrategia de la ministra Constain para que el proyecto pase en plenarias seguro será diferente. En este año hubo recorridos de socialización en más de 11 ciudades, donde las audiencias públicas mostraron que los colombianos quieren tener un mejor internet, de mayor velocidad y hubo múltiples quejas al ministerio por temas de calidad, llamadas caídas y errores de facturación de todos los operadores. El proyecto ya pasó el filtro de las comisiones sextas, en donde hubo debate en detalle, pero ahora el panorama es más amplio y no tan técnico, mucho más político. Nuestros congresistas están acostumbrados a que los votos vienen a veces amarrados de favores. A la ministra, que tiene buen carácter, la llaman, le escriben por WhatsApp, le envían hojas de vida, pero como ha sido el estilo del gobierno de Iván Duque, no se abre la puerta a que votaciones de ningún tipo vayan amarradas a estos “favores”. Eso supone un riesgo a que se caiga toda la votación, ya que los parlamentarios insisten en el apetito burocrático desmedido. No se puede ceder ante la presión. Estamos en un país diferente y algunos colombianos comenzaron a pensar que es posible trabajar en administración pública sin el cáncer de favores y carrusel de hojas de vida. Tampoco hay que dejar que los opositores al proyecto vuelvan a mezclar temas de infraestructura con temas de contenidos. El Estado debe trabajar en equipo para lograr conectar todo el país.

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