miércoles, 22 de abril de 2020

Más columnas de este autor Jorge Alejandro Mejía

En los momentos que vivimos hemos visto con gran sorpresa unos sentimientos de pánico empresarial frente al impacto sufrido por la cuarentena y la incertidumbre de cuándo terminará, cuánto tiempo se demorará en volver a la normalidad y si esto ha generado cambios en los hábitos que lleven a un redimensionamiento de la demanda del negocio, llevando el pensamiento a escenarios de llevar la empresa a 1116 o incluso liquidarla. Lo primero es entender que lo que estamos viviendo es puntual. Es claro sí, que esto generará cambios en el consumidor y por tanto es clave entenderlo y ponerlo siempre en el centro del negocio, para encontrar oportunidades en ingresos y eficiencias.

Pero por el hecho que vayamos a tener un mal mes, trimestre o año, no quiere decir necesariamente que debamos liquidar la empresa. Ahora bien, cada empresa es un mundo, y hemos visto negocios que ya estaban de salida, con lo que este puede ser el puntillazo para tomar esa decisión. Pero los otros están viendo el momento y no el largo plazo, y los ingresos recurrentes siempre son mejores que los puntuales. Lo primero es ir siempre a los números, números de servilleta: ventas, costos, gastos, utilidades, retorno de la inversión… Haga los números y después saque conclusiones, pero no se deje llevar por el pánico del momento. Luego, debe concentrar el esfuerzo en la caja, es por allí por donde se quiebran las empresas, no por las utilidades. El gobierno ha lanzado múltiples ayudas que pueden impactar positivamente su negocio. Se trata de “comprar tiempo”, y consumir la menor caja posible: renegocie sus alquileres, defina períodos de gracia con el Banco, busque líneas nuevas de capital de trabajo con énfasis en pago de nómina.

Los Bancos están haciendo la tarea, pero al mismo tiempo deben administrar los recursos disponibles y siempre cuidar el ahorro del público. Para el Banco es importante darle oxigeno, y en los vencimientos de amortizaciones o intereses, lo están haciendo. Pensar en una 1116 puede ser un error fatal. Hay que recordar que esta es una opción en la que se trata, entre todos los acreedores, de salvar la empresa, cuando los pagos están consumiendo el capital de trabajo, derivados de un alto endeudamiento y con una generación operativa de caja insuficiente. Si se le suma una caída en los ingresos derivados de esta crisis, el coctel puede ser mortal. Pero hay que ver empresa por empresa, y si este es el caso, probablemente es la opción a seguir. Por eso el Gobierno creó, a la luz de la emergencia, una opción rápida para entrar en reestructuración.

Pero aquellos que piensan que este es el camino rentable, no lo hagan. Entrar en 1116 puede tener el beneficio de un espacio para renegociar en condiciones ventajosas sus deudas, pero por el otro lado, congelará la entrega de nuevos recursos de la banca, y llevará los términos de pago de los acreedores al contado, que para un negocio normal, es poner la compañía en el filo, haciéndola además acreedora a un sello que derrumba la reputación de la misma y del empresario. Es un momento muy difícil, pero sólo es en estos momentos que salen las grandes ideas. Concéntrese en estabilizar el negocio, ver nuevas oportunidades y en especial, maneje la caja. Haga los números y no se deje llevar por modas que no necesariamente generan valor para su empresa.