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Interferencia electoral: mal inevitable

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Luego de las últimas revelaciones dadas a conocer por el fiscal Robert Muller en la investigación pertinente a las elecciones de 2016 en los Estados Unidos, pareciera que todos las democracias del mundo están en alerta roja sobre la posible intervención de Rusia o de cualquier otro gobierno extranjero en los procesos democráticos a realizarse en los próximos meses.

Esta preocupación la expresó hace unos días el embajador sueco en Moscú, Peter Ericson, con la esperanza de que Rusia no intervenga en las elecciones suecas previstas para septiembre de este año.

Preguntado si sus temores se basaban en los informes que en ese momento no se habían confirmados sobre la posible intervención rusa en las elecciones estadounidenses, el embajador respondió afirmativamente al apuntar que en todas partes, la supuesta injerencia rusa se considera una verdad bien establecida.

El fiscal Muller acusó formalmente a 13 ciudadanos y tres compañías rusas de interferir en las elecciones presidenciales de 2016. Entre sus operaciones, figuran la dispersión masiva de información despectiva sobre Hillary Clinton, así como de mensajes que pretendían denigrar a otros candidatos como Ted Cruz y Marco Rubio y al mismo tiempo apoyar a Bernie Sanders y al entonces candidato Donald Trump.

Entre los imputados, tres fueron acusados de conspiración para cometer fraude electrónico y otros cinco de robo de identidad, al haber suplantado a ciudadanos del común para realizar transacciones bancarias encaminadas a fondear campañas de publicidad y la compra de anuncios en redes sociales en contra de lo candidatos.

El problema estructural de lo que las acusaciones revelan, no se queda simplemente en admitir que la democracia norteamericana fue violada y maltratada por un gobierno extranjero , sino que a pesar de que incluso las cabezas de las redes sociales mas importantes como Facebook y Twitter se rasguen las vestiduras y traten de minimizar su culpa, queda claro que no existe una solución al alcance de la mano para evitar que un fenómeno similar se repita en Estados Unidos o en cualquier otro país del mundo.

Para muchos lo que supuestamente sucedió en las elecciones norteamericanas no es más que una dosis de su propia medicina considerando las infinitas ocasiones en que se ha especulado sobre la injerencia de la CIA y otras entidades del gobierno de Estados Unidos en procesos electorales de otros países con el fin de soportar a gobernantes “títere” que actuaran de manera favorable a sus intereses.

Algo que es importante entender es que a pesar de que las supuestas acciones de Rusia hayan sido parte de una estrategia de desinformación y manipulación, lo que si es innegable es que sus fábricas de trolls, sus ‘fake news’, y sus anuncios desinformantes fueron exitosos porque existía una brecha, un problema, un conflicto interno que se volvió el objetivo al que atacar y permitió que se aprovechara una polarización de la opinión pública.

Temas polémicos como el Brexit, la firma del tratado de paz con las Farc, el crecimiento de la ultraderecha en Alemania o el movimiento independentista en Cataluña son fenómenos inconexos cuyo origen está lejos del Kremlin.

A pesar de que las empresas de tecnología hayan anunciado nuevas medidas para evitar la manipulación de los anuncios políticos, la preocupación continúa en la mente de candidatos y ciudadanos sobre cómo fuerzas políticas extranjeras con recursos ilimitados, puede encontrar nuevas vías para seguir influyendo en la opinión pública a través de las redes sociales.

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