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Analistas 17/10/2026

El dinero instantáneo

Javier Villamizar
Managing Director
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El 6 de octubre Bre-B cumplió un año. El sistema de pagos inmediatos del Banco de la República nació para resolver una frustración cotidiana: enviar dinero a otra entidad era lento, fragmentado y, demasiadas veces, costoso. Doce meses después, las cifras muestran que Colombia sí podía construir un riel público, interoperable y disponible las 24 horas.

Al cumplir un año, Bre-B movió cerca de $264 billones en 1.796 millones de operaciones, con más de 36,1 millones de clientes y unos 10 millones de transacciones diarias. A septiembre sumaba más de 115 millones de llaves y, al cierre de abril, más de 90.000 comercios tenían una. No es un piloto: es infraestructura nacional en uso masivo.

Ese logro es apenas la mitad de la historia. La adopción ha sido, sobre todo, de persona a persona. A agosto, de las llaves inscritas, apenas 5,3 millones (4,8%) pertenecían a personas jurídicas, frente a 106,5 millones de personas naturales. Los ciudadanos aprendieron a pagarse entre ellos; las empresas todavía no han convertido Bre-B en parte de su operación.

Ahí está el verdadero examen económico. Para una persona, una transferencia inmediata es comodidad. Para una empresa, es capital de trabajo. Cobrar en segundos en lugar de días cambia el flujo de caja, reduce la dependencia del crédito costoso y libera recursos atrapados entre horarios bancarios y conciliaciones manuales. Pagar nómina, liquidar proveedores o recaudar cartera sin fricción no es un detalle tecnológico: es productividad.

Pero las empresas no necesitan solo velocidad. Necesitan control. Una tesorería no puede operar como un usuario que digita una llave y confirma un envío. Necesita pagos masivos, programación, autorizaciones por niveles, límites, trazabilidad, integración contable y certeza sobre qué factura quedó pagada. Un riel permite completar una operación; una empresa necesita administrar todo el ciclo del cobro. En esa capa, la menos visible, se juega hoy la competencia entre bancos, fintech y proveedores de infraestructura.

También hay un riesgo nuevo. En un sistema instantáneo, el fraude también viaja en segundos y una falla en una entidad grande puede sentirse en todo el ecosistema. La inmediatez acorta el tiempo para mover el dinero, pero también para detectar un engaño o detener una transacción equivocada. La confianza, que tarda años en construirse, puede erosionarse en una tarde de transferencias irreversibles.

La comparación internacional es instructiva. Pix en Brasil y UPI en India no triunfaron solo porque se construyó la tecnología. Triunfaron cuando el pago inmediato se volvió un hábito comercial: pagar en el comercio, cobrar servicios y mover dinero entre empresas sin operar alrededor del efectivo. Colombia convive con esa paradoja: las transferencias inmediatas crecieron 152% en cantidad y 164% en valor en 2025, pero el efectivo sigue siendo el instrumento más usado en los pagos habituales, aunque en descenso.

Por eso, el segundo año de Bre-B no debería medirse en llaves, un indicador que confunde inscripción con uso. Debería medirse en nóminas pagadas, proveedores liquidados, impuestos recaudados y comercios que cobren sin depender de horarios. El Banco ya trabaja en ampliar los casos de uso hacia nómina y recaudo de impuestos. Ese es el camino correcto.

Bre-B demostró que Colombia puede construir tecnología financiera de clase mundial. Ahora debe demostrar algo más difícil: cambiar los hábitos de sus empresas. El riel ya está tendido. Falta que el tráfico corporativo se mueva a la velocidad que el sistema permite.

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