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Analistas 07/02/2026

El código genético de las potencias

Javier Tovar Márquez
Profesor Inalde Business School
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En los pasillos del poder mundial existe una batalla silenciosa que define el futuro de las naciones. No es una batalla de armas, sino de mentalidades. En su libro Breakneck: China’s Quest to Engineer the Future, Dan Wang plantea una tesis provocadora: Estados Unidos es gobernado por abogados, mientras que China es gobernada por ingenieros.

Esta observación, aparentemente técnica, revela un abismo estratégico que ayuda a explicar por qué dos potencias enfrentan el mismo mundo de formas radicalmente distintas. Cuando observamos los gabinetes de 2025, la evidencia es contundente. En Estados Unidos, 40% de los líderes ejecutivos tiene formación legal. En China, 100% de los miembros del Comité Permanente del Politburó tiene formación en ingeniería. No es coincidencia. Es arquitectura institucional.

El abogado piensa en términos de precedentes, regulaciones y marcos legales. Su pregunta fundamental es: ¿es legal?, ¿cuál es el riesgo litigioso? El ingeniero, por el contrario, piensa en términos de optimización, eficiencia y construcción. Su pregunta es: ¿cómo hacemos que esto funcione?, ¿cuál es el rendimiento máximo?

Esta diferencia no es semántica. Determina cómo se ejecutan las estrategias. Cuando China enfrenta un problema de manufactura, sus líderes preguntan cómo mejorar los procesos, reducir costos y escalar la producción. Cuando Estados Unidos afronta un problema similar, sus líderes preguntan qué regulaciones se aplican, quién puede ser responsabilizado y cuál es el marco legal.

El resultado es visible en la realidad industrial. China ha invertido en educación técnica masiva, en infraestructura de manufactura y en la optimización de cadenas de suministro. Estados Unidos, por el contrario, se ha enfocado en litigios, regulaciones y servicios financieros. Una estrategia construye; la otra protege lo construido.

Pero aquí emerge lo más interesante de estas visiones: ambas estrategias funcionan en contextos distintos. Para una potencia establecida que necesita proteger su posición, el pensamiento legal es defensivo y efectivo. Para una potencia emergente que necesita alcanzar a otras, el pensamiento ingenieril es ofensivo y transformador.

Alemania y Japón ocupan una posición intermedia fascinante. Ambos tienen gobiernos con formación legal predominante, como Estados Unidos, pero con una diferencia crucial: sus abogados cuentan con experiencia legislativa profunda y con gobiernos locales robustos. Sus líderes no solo conocen la ley, sino que además saben cómo implementarla en contextos complejos. Son abogados que piensan como ingenieros. La pregunta para América Latina es incómoda: ¿qué tipo de líderes estamos formando? ¿Abogados que protegen el statu quo o ingenieros que construyen el futuro? ¿Reguladores o innovadores? La formación no es un detalle académico. Es el código genético de las naciones.

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