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Los ciberataques van a seguir siendo el pan de cada día a medida que avancemos en la transformación y adaptación digital que requiere el comercio exterior en nuestro país, la cual se aceleró con la pandemia. Acá va a depender qué tan bien preparados vamos a estar para cerrarle el paso a estas amenazas.
De acuerdo con Fortinet, en 2022, Colombia recibió 20.000 millones de ataques cibernéticos, 80% más frente a 2021. Además, el mismo Saúl Kattan, alto consejero presidencial para la Transformación Digital, indicó que tenemos un déficit de 150.000 empleos en el campo de seguridad digital.
Lo que sucedió recientemente con IFX Networks, que tuvo una semana ciegas a sectores como los de justicia, salud, comercio exterior, entre otros, se suma a lo que ocurrió anteriormente con el Invima, el Dane e incluso en el sector privado con Sanitas y Nutresa.
Los ataques no distinguen sector privado o público, por lo cual, a pesar de no tener habilitado un DeLorean para volver al futuro o al pasado y blindarnos de estos ataques, sí es necesario tener en el presente una acción puntual como actualizar el Conpes 3995 o sacar adelante el proyecto de crear una Agencia de Seguridad Digital, con todas las garantías del caso.
Del lado del comercio exterior, lo advertimos recientemente en nuestro Congreso Nacional de Exportadores en Pereira que cuando el sector público es atacado y secuestran su información y la contingencia son trámites manuales, se hace complejo el cumplimiento de las obligaciones y requisitos. Sin duda alguna, esto impacta directamente la competitividad por los mayores tiempos y costos que se deben asumir.
Ya de por sí estamos relegados en puestos de índices logísticos y no podemos permitirnos agregar más trabas a nuestro relacionamiento con el mundo, tanto en importaciones como en exportaciones.
De igual forma, los trámites manuales se pueden prestar para aumentar el riesgo de operaciones fraudulentas, sin sumar el hecho que la trazabilidad se vuelve más difícil, en tiempos donde avanzan rápidamente a nivel mundial la adaptación e implementación de tecnologías como el blockchain, computación en la nube, internet de las cosas, Big Data, entre otros.
En ese sentido, queremos pedir al gobierno, así como lo hemos señalado en los temas de seguridad jurídica y seguridad física, y es que consolide una estrategia de trabajo que permita tener acciones concretas de defensa y prevención frente a estas situaciones que ponen en jaque el servicio de las instituciones y que nos ponen en estado vulnerable a los empresarios frente a este tipo de delitos. Colombia debe promover en sus instituciones un entorno confiable y seguro, tanto en el sector público como en el privado.
Es así como el trabajo interinstitucional debe fluir para que no sea tarea de un solo doliente, sino que desde MinTIC hasta Minjusticia, la Fiscalía y otros actores público privados, se pueda establecer una cadena de protección digital que ampare y acompañe el desarrollo empresarial y del Estado.
Cuenten con Analdex para trabajar mancomunadamente en esa hoja de ruta que nos permita hacernos más fuertes y que Colombia, en un futuro, pueda ser un referente también en el campo de la ciberseguridad.
Posdata: a propósito, ¿cuándo contaremos con una plataforma electrónica segura y confiable en la Dian? ¡Las fechas se siguen corriendo!
La profesionalización comienza cuando la familia le concede autoridad suficiente para cumplir la responsabilidad que le ha entregado
Hace unas semanas leí sobre Alpha School, un modelo educativo que utiliza inteligencia artificial para personalizar gran parte del aprendizaje académico y dedicar más tiempo al desarrollo de habilidades humanas. No sé si ese será el colegio del futuro. Lo interesante es la pregunta que plantea: ¿qué debemos enseñar cuando el conocimiento deja de ser el principal factor de diferenciación? Durante décadas, la educación tuvo un propósito claro. La escuela transmitía conocimientos y la universidad formaba especialistas. En un mundo donde acceder a la información requería tiempo y esfuerzo, ese modelo tenía sentido. Hoy cualquier estudiante puede pedirle a una inteligencia artificial que explique un concepto, resuelva un problema o resuma un libro en segundos. Si la información dejó de ser escasa, la ventaja competitiva ya no será saber más. Será pensar mejor. Eso exige replantear nuestras prioridades. El pensamiento crítico deja de ser una habilidad complementaria para convertirse en el centro de la educación. No porque las respuestas hayan perdido importancia, sino porque ahora cualquiera puede obtenerlas. Lo realmente valioso será distinguir entre información y evidencia, identificar sesgos, conectar disciplinas y ejercer buen juicio cuando no existe una solución evidente. Los líderes más admirados rara vez son quienes tienen todas las respuestas. Son quienes hacen las preguntas que los demás no habían considerado. Saben simplificar problemas complejos, escuchar perspectivas distintas, cambiar de opinión cuando la evidencia lo exige y decidir aun cuando la información es incompleta. Esas capacidades no pertenecen a ninguna profesión en particular. Son el resultado de una formación amplia, de la curiosidad intelectual y de la disposición a cuestionar incluso las ideas propias. Si la inteligencia artificial obliga a replantear la educación, quizá el mayor cambio no sea tecnológico, sino filosófico: volver a enseñar a pensar. Curiosamente, esta transformación nos acerca a los grandes pensadores del Renacimiento. Estos no entendían el saber como compartimentos aislados. Leonardo da Vinci fue artista, ingeniero, anatomista e inventor porque comprendía que la innovación nace al conectar ideas. Los problemas que hoy enfrentan las empresas tampoco pertenecen a una sola disciplina. La inteligencia artificial, la geopolítica, la transición energética o el envejecimiento de la población exigen integrar tecnología, economía, derecho, psicología y ética. Formar líderes implica mucho más que desarrollar una buena capacidad analítica. También exige aprender a enfrentar la incertidumbre, asumir riesgos y entender que el fracaso forma parte del aprendizaje. Es allí donde se construyen el carácter, el juicio y la resiliencia. La inteligencia artificial puede reducir el esfuerzo necesario para aprender, pero no puede reemplazar las experiencias que forman el carácter. La discusión sobre la educación suele concentrarse en cuánto tiempo pasarán los estudiantes utilizando inteligencia artificial. La pregunta es más bien qué tipo de líderes queremos formar cuando todos tendrán acceso al mismo conocimiento. Las organizaciones y el mundo necesitan personas capaces de razonar con independencia, conectar perspectivas distintas, ejercer buen juicio, convertir la adversidad en aprendizaje e inspirar a otros para resolver problemas complejos. Esa ha sido siempre la esencia del liderazgo, y ninguna inteligencia artificial podrá reemplazarla
Entre 2006 y 2026, las emisiones de bonos externos representaron entre 3,4% y 27,9% de las NBF. Durante el segundo gobierno de Álvaro Uribe este indicador promedió 11,8%