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Evaluación de tecnologías en salud, ¿por qué y para qué?

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Al atravesar momentos de crisis o de reestructuración en el sector salud nos preguntamos: ¿por qué es este un tema tan complejo? Potenciales respuestas hay muchas, una de ellas, la asimetría e imperfección de la información. En dicho sector el paciente reconoce que no está en plena facultad o disposición de decidir por sí mismo cuándo, cuánto, cómo y dónde solicitar los servicios de salud que requiere para resolver los males que le aquejan. Es por esto que recurre a un médico tratante, que como su agente y en su nombre toma decisiones y demanda por él los servicios que requiere de manera más eficaz y oportuna (prescribiendo, remitiendo o inter-consultando su caso). Esta transacción entre médicos y pacientes se desarrolla en un universo de información potencialmente infinito, donde no todo lo que ayer fue seguro y efectivo lo es hoy y viceversa.

Los problemas de información que rodean la toma de decisiones no son exclusivos del sector de la salud. Prueba de ello es el interés del Gobierno Nacional de crear agencias que provean información independiente y de la mejor calidad para nutrir la toma de decisiones en temas diversos como minería, infraestructura o defensa jurídica. Es en este contexto de asimetría e imperfección de información en salud en el que hace un año se creó el Instituto de Evaluación Tecnológica en Salud-Iets.

La Evaluación de Tecnologías en Salud (Etes) es una forma de investigación política que examina las consecuencias de la aplicación de estas tecnologías; esta examina de manera comparativa una tecnología contra una o más alternativas con igual indicación terapéutica con el fin de informar cuál de ellas resulta ser más segura, eficaz, efectiva y costo-efectiva. Si bien la Etes existe en Colombia desde mediados de los 90 como un ejercicio académico de investigación, solo hasta hace poco ha tomado fuerza como instrumento para “mejor informar” a aquellos que toman decisiones en salud (compran, recetan o consumen medicamentos, dispositivos o procedimientos). 

En un mundo altamente globalizado como en el que vivimos,  resultados de la investigación y desarrollo en salud provenientes de otras latitudes llegan a nuestro país y se adoptan con rapidez en la práctica clínica o en los planes de cobertura. Esta adopción,  en muchas veces resulta en ganancia, por cuanto los beneficios derivados del uso de  dicha tecnología superan los costos invertidos en ella, pero otras veces no.

Hace poco leí el escrito de un acertado columnista en el que hacía un balance entre los avances y retos de nuestro vapuleado sistema de salud.   Mencionaba logros como el aumento de la cobertura cercano hoy al 96%; una importante disminución del gasto de bolsillo como consecuencia de la protección económica a las familias con un esfuerzo fiscal relativamente austero del 6,5% del PIB. Entre los retos enunciaba el columnista la necesidad de incrementar la oferta de médicos, camas hospitalarias, servicios especializados, avanzar en la ampliación progresiva al derecho fundamental a la salud y promover el fortalecimiento de la atención primaria en un contexto favorable y sostenible que permitiera reconstruir legitimidad y confianza entre los actores. 

Fue entonces cuando una nueva pregunta, ¿cómo alcanzar dichos retos en un entorno tan complejo?, me hizo pensar en posibles respuestas, la Etes reapareció en mi mente como una opción viable que pudiera ayudar a “mejor informarnos” y convertirnos en compradores o consumidores más eficientes de tecnologías en salud en Colombia.

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