Analistas 05/12/2020

Flexibilidad laboral transitoria

La crisis sanitaria ha tenido efecto serio en el empleo formal. La tasa de desempleo ya era alta al terminar 2019, antes de comenzar la epidemia. El informal en Colombia, por su parte, corresponde a la mitad de la población activa en la economía. El impacto ha sido mayor en la población femenina. La desigualdad, solo superada por Honduras en Latinoamérica y el Caribe, ha aumentado. La situación angustia y exige acción. Por ello cabe destacar la iniciativa de un distinguido grupo de economistas, impulsados por Rudolf Hommes, para estudiar soluciones transitorias que estimulen la creación de puestos de trabajo mediante la flexibilización de algunas reglas para nuevos empleos.

Elemento central es la reflexión sobre el salario mínimo, que ha subido por encima de la inflación de manera sistemática en las últimas décadas. Como consecuencia, Colombia tiene salario mínimo relativamente alto con ingreso per cápita mediocre. Las buenas intenciones han favorecido a una proporción pequeña de la población, pero han perjudicado a quienes tendrían empleo formal y mejores perspectivas si el mínimo fuera un poco menor. Además la financiación del plan básico de servicios de salud, en principio a cargo del Estado por tratarse de un derecho fundamental, está atada a la remuneración formal, al igual que el ahorro forzoso para asegurar ingresos futuros a la población en caso de invalidez, vejez o muerte. Otros costos adicionales son la afiliación a las cajas de compensación y el aporte al Servicio Nacional de Aprendizaje, iniciativas de mitad del siglo pasado propias de una economía protegida sin futuro en un mundo integrado. Además la rigidez en las reglas sobre aportes a la seguridad social hace difícil la contratación de trabajo por horas.

Por lo pronto la prioridad es abordar la propuesta de los economistas para diseñar esquemas de flexibilización laboral transitoria, en forma concertada entre empresarios, gobierno y toda la comunidad nacional, que requiere soluciones con urgencia para neutralizar las consecuencias de la emergencia, cuya duración probable en el caso de Colombia puede ser del orden de un año y medio adicional, tiempo que tomará el acceso universal a las vacunas. Más adelante deberán abordarse otros asuntos. Será preciso rediseñar muchas instituciones y orientar el país hacia el crecimiento rápido, como ha señalado el mismo Hommes.

Las soluciones retóricas de la extrema izquierda, con sustitución de cultivos viables por visiones intuitivas y propiedad pública de los medios de producción, serían pésima fórmula, pero tampoco es camino viable seguir igual, con protecciones excesivas pero sin política cambiaria y sin impulso real a la calidad de la educación y a la construcción de conocimiento. Latinoamérica en general ha tenido tasas de crecimiento modestas en años recientes porque se ha quedado rezagada en el concierto mundial al poner foco en productos primarios. Colombia además acusa baja productividad (medida como valor agregado por hora trabajada). Es preciso pensar de manera diferente hacia adelante, y la exploración de la iniciativa creativa de los economistas será un primer paso muy importante. Requiere estrategia efectiva de comunicación, pues habrá muchos críticos con diversos sesgos ideológicos, pero la discusión abierta será oportunidad para la maduración de la comunidad nacional y la búsqueda de propósito común verdadero.