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Analistas 17/07/2021

Arreglar el diseño mundial

Gustavo Moreno Montalvo
Consultor independiente

La humanidad tiene recursos sin precedentes para enfrentar problemas también sin antecedentes. Para revisar perspectivas es punto de partida natural describir los procesos de producción, distribución y consumo como un circuito con participación de personas, empresas y gobiernos. Las personas aportan trabajo y ahorro a las empresas, quienes a su vez invierten para proveer bienes y servicios. Los Estados aportan reglas para la cooperación y la competencia, y son propietarios de parte del capital productivo.

La integración del planeta por la mayor eficacia del transporte y la información impulsa mejor asignación de recursos pero también obliga a repensar lo público, desarticulado en propósitos y sin flexibilidad en linderos, en contraste con la libertad de que gozan bienes, información y capital financiero para fluir con libertad y sin fronteras. El trabajo, por su parte, enfrenta restricciones culturales de identidad nacional, y diferencias normativas en seguridad social que restringen su movilidad; además su adaptabilidad es limitada.

Los países del mundo no están organizados para enfrentar problemas y regular conductas empresariales que desbordan fronteras ni para tener los resultados necesarios en propósitos éticos. Los sistemas electorales de las democracias inducen la orientación al corto plazo. Los regímenes totalitarios inhiben la creatividad y, por ende, el pleno aprovechamiento del talento. La desigualdad de oportunidades alimenta probables conflictos de interés entre el propósito de lucro en la atención a los consumidores y la necesidad universal de atender los deberes cívicos, que requiere soluciones bajo reglas con restricciones.

Las amenazas más complejas que desbordan los linderos de los países quizá son el daño ambiental, el uso abusivo de la información por las empresas que la procesan y la perturbación a procesos públicos, la inadecuada regulación de actividades relacionadas con salud y los riesgos de guerra de destrucción total. Para abordarlas se debe revisar las instituciones públicas en todo el orbe, con foco en la autonomía regional para escoger y revisar vocación, la necesidad de consenso global para los retos que trascienden linderos, y el ordenamiento de los países para que cumplan su papel de instancia intermedia entre regiones y mundo.

Hoy la soberanía se aduce entre un conjunto de actores muy heterogéneos en territorio, población, estructuras sociales y culturales, nivel de ingreso y respeto a las declaraciones fundamentales de las democracias liberales sobre las cuales está cimentado el frágil castillo de Naciones Unidas. Debe haber integraciones entre países afines o complementarios que deben conducir al cumplimiento de propósitos en seguridad, crecimiento sostenido y captura de economías de escala en asuntos diversos, incluidos los fiscales y los monetarios.

Es preciso mitigar riesgos y aprovechar oportunidades. Los diseños deben asegurar buen gobierno corporativo en todos los órdenes, con el propósito de evitar la desmesura en lo global, donde pueden aflorar riesgos nuevos con más poder institucional, propugnar por el aprovechamiento de las ventajas comparativas relativas de las regiones, y promover la construcción de herramientas idóneas para gestión en escenarios discontinuos y equilibrio de estado inestable. Este conjunto de objetivos exige el cultivo de la virtud cívica para la gestión pública.