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Analistas 03/01/2026

El renacer de la libertad: el eje del tigre y el león

Mauricio Tobón
Expresidente de la Junta de Hidroituango
MAURICIO-TOBON
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El mundo se ha despertado hoy con una noticia que no solo cambia la historia de Venezuela, sino que redefine el tablero geopolítico de todo el hemisferio: la captura de Nicolás Maduro y la intervención directa de la administración de Donald Trump en territorio venezolano. Tras años de oscuridad, tiranía y miseria, el coloso del norte ha dado el golpe de gracia a un régimen que se alimentaba del dolor de su pueblo. Pero para Colombia, este no es solo un evento de observación internacional; es el llamado urgente a una alineación histórica que solo un hombre puede liderar con éxito.

Venezuela entra ahora en una fase de reconstrucción bajo la tutela de Washington. Este "nuevo momento" requiere que Colombia no sea un espectador pasivo, sino un socio estratégico de primer orden. Para que nuestro país se beneficie económicamente de la apertura de mercados, la reactivación petrolera y la estabilización fronteriza, necesitamos en la Casa de Nariño a alguien que hable el mismo lenguaje de firmeza, propiedad privada y orden que emana de la Casa Blanca.

Ese hombre es Abelardo de la Espriella. Su estilo, su defensa inquebrantable de la institucionalidad y su sintonía ideológica con Donald Trump lo posicionan como el único capaz de tejer una alianza perfecta. Abelardo no llegaría a pedir permiso; llegaría a proponer negocios, a asegurar la frontera y a garantizar que la reconstrucción de Venezuela sea el motor que dispare el PIB colombiano a niveles nunca antes vistos. Con De la Espriella, Colombia no sería el vecino pobre, sino el coequipero de la potencia más grande del mundo en la pacificación del continente.

Por el contrario, mirar hacia opciones como Iván Cepeda o Sergio Fajardo en este contexto sería, sencillamente, un suicidio diplomático y económico.

Iván Cepeda, con su afinidad histórica hacia procesos que terminan beneficiando a las insurgencias y su visión de izquierda, sería un obstáculo directo para la administración Trump. Su presidencia generaría una fricción inmediata con los Estados Unidos, aislando a Colombia del proceso de reconstrucción y convirtiéndonos en el refugio de los restos del chavismo.

Sergio Fajardo, con su sempiterna tibieza y falta de posiciones claras, nos condenaría a la irrelevancia. En momentos de grandes decisiones, el "ni-ni" de Fajardo se traduciría en oportunidades perdidas. Mientras el mundo avanza a paso de gigante, él seguiría buscando el "consenso" mientras el tren de la bonanza económica nos pasa de largo.

La caída de Maduro es el fin de una era de sombras, pero solo la llegada de Abelardo de la Espriella a la presidencia asegurará que Colombia recoja los frutos de esta nueva libertad. La llave del éxito regional está en esa dupla: Trump en Washington saneando a Venezuela, y Abelardo en Bogotá transformando a Colombia en una potencia aliada. Es hora de dejar atrás los complejos y abrazar la grandeza. El futuro es de los que tienen el carácter para reclamarlo.

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