Analistas

Cuidado con el café

El interés de unos pocos no puede dar al traste con el interés general de todo un país

Las autoridades cafeteras deben tener cuidado frente al fenómeno que se ha venido propagando en los últimos años, agudizado en estos meses, de expansión de la variedad CATIMORE, denominada Costa Rica 95 (CR-95).

Sucede que esta es una variedad de café muy susceptible a la roya, que se está sembrando por grandes productores de manera desaforada, esperando concentración de la cosecha y según se afirma, mayor producción. Sin embargo, como es tradicional, los pequeños cafeteros en su búsqueda por mayores ingresos, tratan de imitar lo que se hace en las fincas grandes, terminando por desaprovechar el conocimiento de Cenicafé, que es desafiado por “el vecino rico”.

Pese a que los productores no se dan cuenta del enorme perjuicio que pueden sufrir en el invierno al ver invadidas sus plantaciones de CR-95 por el hongo, y perjudicando a los cafeteros de variedades resistentes -dado que está demostrado que la propagación del fenómeno vence la resistencia a la roya- de las variedades resistentes, como lo confirman los agrónomos, y puede volver trizas a los pequeños caficultores que se aventuran y asumen un riesgo enorme.

Las autoridades cafeteras deben intervenir, por cuanto la libertad que se reclama solo es permitida en una sociedad en la medida que no perjudique a los vecinos, y en este caso, cuando afecta la estabilidad económica de pequeños campesinos. No olvidemos que en Colombia solo existen 490 productores con más de 50 hectáreas, frente a 550.000 cafeteros.

Las enormes áreas que ahora se siembran sin que nadie entienda la racionalidad económica de estas inversiones -tanto por su tamaño, como por la escasez de mano de obra y baja rentabilidad-, no pueden poner en riesgo la salud del parque cafetero, que constituye el tejido social del campo colombiano.

La semilla CR-95 ingresó al país sin el cumplimiento de los requisitos de sanidad vegetal; nunca es tarde para que las autoridades intervengan, sin temor a presiones gremiales de los grandes productores, y se convoque a los organismos de control para evaluar los peligros que se avecinan, precisamente cuando ya completamos el primer año de eventos húmedos, que según expertos debe ser de cerca de seis años.

Como lo registramos en un artículo hace meses, se está perjudicando a los pequeños, dado que los compradores del mundo no adquieren café en los municipios en los que se ha propagado esa variedad. Hoy en día se camufla revolviendo en finca, en el comercio y en trilladoras, pero lo detectan y rechazan en la cata, cuando llega a su destino, por ser una taza plana, muy diferente al suave colombiano por el que han pagado un mayor valor.

El interés de unos pocos no puede dar al traste con el interés general de todo un país, que ha luchado dos siglos por tener una buena caficultura y, cuando estamos en el mejor momento de los últimos 25 años: producción por encima de 14 millones de sacos, aumento del área cultivada, solución de vida para los campesinos y además, oportunidad para crecer en el posconflicto y llegar a los 20 millones de sacos que podríamos colocar en el mercado mundial, que debe estar en unos 200 millones en el año 2025; históricamente Colombia ha producido el 12 % del café del mundo.

Se requiere acción, sanción, erradicación -si es del caso-, control de los cultivos y encontrar formas para evitar la contaminación de la roya o la mezcla de esa variedad con el café verde colombiano que se exporta.