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Café y el nuevo Gobierno

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Aún no se inicia el nuevo Gobierno y ya hay anuncio de una crisis cafetera por parte de Gabriel Vallejo, representante a la Cámara del Centro Democrático, reclamando medidas para evitar la crisis social y económica. Parece desconocer que su partido tiene nuevo presidente, que el Gobierno está en empalme y por lo tanto, ya le corresponde abandonar la oposición y aportar soluciones.

Alguna vez afirmé que los medios deberían hacer cuarentena al precio del café antes de anunciar una crisis, dado que cuando sale la noticia el precio ya se ha recuperado, y nadie termina por creerles a los cafeteros, que cada mes anuncian “la más profunda crisis de la historia”. Mientras tanto, la producción de los últimos 12 meses creció 2 %, llegando a 14,3 millones de sacos, y se dobló en el actual Gobierno.

La volatilidad del precio y del dólar es algo a lo que está expuesto el precio interno desde el año 2000, algo que los cafeteros no han estado dispuestos a aceptar.

La dirigencia política y económica de las regiones cafeteras tiene la responsabilidad de estudiar y ser más sensata a la hora de pronunciarse, aportando soluciones. Recuerdo al premio nobel de economía Jean Tirole cuando afirma: “a falta de curiosidad intelectual, adoptamos un comportamiento parásito y no invertimos lo suficiente en comprender los mecanismos económicos”.

En estas elecciones cafeteras, los nuevos candidatos están despedazando a quienes, para obtener los votos, prometieron que ellos sí mejorarían la situación. Vanas ilusiones que el mercado supera, pero que ahora les cobran a sus amigos, negándoles el voto.

La situación no se presenta fácil; las instituciones cafeteras requieren estabilidad en el largo plazo y las decisiones estructurales adoptadas frente a las coyunturas, difícilmente resultan acertadas.

En la crisis de precio del 2001, recuerdo que el comité directivo aplazó las elecciones que correspondían por estatutos, -haciendo uso de un artículo que lo permitía en casos graves-, y al interrogar a un dirigente por la decisión me respondió: “donde hagamos elecciones a este precio, nos tumban”.

Fue precisamente en ese agosto, cuando Juan Manuel Santos como ministro de Hacienda de Andrés Pastrana, creó el AGC, Ayuda Gubernamental a la Caficultura, para subsidiar el precio interno hasta $300.000 por carga.

También vale la pena recordar que el PIB, para el caso del Eje Cafetero, vale aproximadamente US$15.000 millones, mientras la producción bruta de café no alcanza a ser US$500 millones; por lo tanto, sin negar que la disminución del ingreso cafetero afecta, no arrasa con la economía de la región, como se pretende mostrar al país, por cuanto para los campesinos garantiza un modo de vida, aunque sí pone en dificultades la rentabilidad de los grandes productores.

Afortunadamente esa economía es diversa y genera ingreso de muchas otras fuentes; en el sector agropecuario aparecen fenómenos económicos nuevos, que generan empleo estable, como el aguacate y los cítricos, con crecimientos exorbitantes que vale la pena observar.

Pero por encima de todo está el ingreso por transferencias, que se irriga entre la población de la mismo forma que el café, que para este año se estima en US$1.500 millones en el Viejo Caldas, y representa tres veces el ingreso cafetero. Lo reciben las familias para garantizar manutención, compra de bienes durables e inclusive vivienda. La economía ya no depende del café.

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