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Picap, atropelladores y atropellados

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Si se tratara de describir la relación de la Secretaría de Movilidad de Bogotá con la tecnología, habría que acudir a una sola palabra: atropellamiento. La Secretaría es atropellada por la tecnología o la utiliza para atropellar a los ciudadanos.

Pero con el argumento de que se trata de salvar vidas o protegerlas, pareciera que fuera políticamente incorrecto criticarla o criticar a su secretario, Juan Pablo Bocarejo.

Primero fueron los embargos de cuentas bancarias de los ciudadanos, por el no pago de comparendos. La tecnología le permitió ubicarlos para comunicar el embargo, pero esa misma tecnología no sirvió para notificarlos oportunamente de la existencia de comparendos, lo que le permitió acumular cuantiosos intereses.

Luego vino la proliferación desordenada de letreros con el mensaje ‘detección electrónica’ (que supuestamente debe estar a 500 metros antes de la cámara “para que el conductor tome los correctivos”), y que bien podría reemplazarse por uno que dijera “el Gran Hermano te vigila”, porque no hay ninguna advertencia de cuál es la infracción en la que se está a punto de incurrir. Estos letreros tienen más el propósito de intimidar, que de advertir, prevenir y educar.

Eso, sin contar la justificación de reducir a 50 Km/h la velocidad en ciertos corredores viales, que atribuyó a los conductores la accidentalidad y muertes de peatones, y no a la imprudencia de estos o a la falta de obras de infraestructura que canalicen sus flujos (de peatones), como se logró en la Autopista Norte, con los puentes peatonales de las estaciones de Transmilenio.

El último episodio que pone de manifiesto esta relación con la tecnología fueron sus declaraciones a Blu Radio sobre la aplicación Picap, el equivalente de Uber para motos y mototaxismo, en la que anuncia medidas para perseguirla e impedir su descarga (planteamiento en el que lo  acompaña el también tecnófobo Mintransporte).

“Cerca de la mitad de los accidentes que implican un herido o una fatalidad en Bogotá tiene que ver o involucra a una moto. Esas personas que están trabajando en este tema no tienen capacitación, no van a responder en caso de accidente. Realmente, es un riesgo para la salud de los bogotanos”, dijo Bocarejo a Blu Radio.

Claramente, no hay una correlación documentada entre la descarga de la aplicación y la accidentalidad. Y si la hay, va a ser muy difícil medirla, pues no se sabe cuándo están prestando el servicio de mototaxismo, como el mismo Bocarejo reconoce.

La explicación de la accidentalidad, que ya era preocupante antes de la llegada de la aplicación, está más bien en la facilidad con que se consigue una licencia de conducción para manejar moto: las bajas exigencias de pericia y la falta de capacitación.

La solución fácil, que es equivalente encontrar la calentura en las sábanas, es atacar la aplicación, que lo único que hace es unir la oferta y la demanda. La solución difícil es proveer esta capacitación y aumentar las exigencias de pericia.

Picap está siendo exitosa porque está satisfaciendo una necesidad, que el transporte tradicional no logra, pero con ventajas sobre Uber y los taxis amarillos (los más amenazados por ella): es más rápido el servicio y más económico para el usuario.

Desde la perspectiva social, Picap puede ser más exitosa que Uber, porque permite que los estratos bajos de la población se lucren del negocio, pues si bien no tienen ingresos para adquirir un carro, pueden adquirir motos con facilidades hasta en supermercados.

Con el nivel de ingresos diarios, entre 80 mil y 130 mil pesos, Picap es una fuente de ingresos y empleo muy atractiva para los estratos bajos: esa cifra equivale aproximadamente al 2 % diario del valor de una moto promedio (la inversión inicial), según cálculos de periodistas de Blu Radio.

Incluso, desde la perspectiva del uso de las vías, Picap tiene ventajas sobre Uber y los amarillos: un carro usualmente usa solo 2 espacios -el del conductor y el pasajero- de 5 disponibles, una moto usa los 2.

Como en el caso de Uber, claramente la respuesta no está en perseguir las aplicaciones sino en regularlas, y formalizar el servicio de mototaxismo.

Regular y formalizar significa ingresos por impuestos (cobrados a Picap y los mototaxistas), una parte de los cuales podrían ser canalizados para brindar la capacitación no solo de los mototaxistas, sino motociclistas en general.

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