Dicen que el arte de la política es saber mentir y que una cosa es el candidato y otra, el elegido cuando ejerce el cargo. Es un mal endémico que se repite año tras año y elección tras elección. ¿Será necesario mantener el imperio de la mentira para gobernar? Por utópico que parezca, estoy convencido de que no.

Esta reflexión la hago luego de ver este fin de semana una serie de anuncios de la vicepresidenta y del ministro de Comercio, Industria y Turismo, José Manuel Restrepo, (entre otros) acerca de lo que consideran una política de apuesta al emprendimiento y la generación de empleo. Parece que este fin de semana seguíamos de Halloween, pues quieren disfrazar el programa de “Economía para la gente” como apoyo al emprendimiento y apuesta al empleo cuando en realidad es un subsidio. Empezamos mal con esas verdades a medias. ¡Ah, pero quién soy yo para criticar el arte de hacer política!

Según estudios de la CAF, países como el nuestro son seis veces menos proclives a crear compañías con más de 50 trabajadores y tres veces menos a conformarlas con más de 10 empleados. En Colombia tan solo 25% de las empresas que se constituyen superan los cinco años de operación y menos del 10% logra pasar de los 10 años de existencia, lo que nos lleva a que programas como “Economía para la Gente” -que está dirigido a apoyar micronegocios- deban reorientarse si realmente quieren convertirse en una política de apuesta al empleo y al crecimiento empresarial.

Pero esto no empezó con el ministro Restrepo ni se detiene ahí. Otro de los asuntos populares para la foto se refiere a la sobreoferta de la papa. Por un lado, Juan Manuel Galán trinó en su cuenta de Twitter que ese problema se debía a la importación masiva y, por el otro, Gustavo Petro afirmó que uno de los problemas eran los TLC, pero de nuevo el arte de la política juega su rol: gasolina para la polarización y el populismo. ¡Muy bien! ¡Así se hace política, señores!

Según la Federación de Productores de Papa (Fedepapa), se estima que para cuando termine el año 2020 Colombia habrá importado 65.000 toneladas de papa frente a los 2,8 millones de toneladas que se consumen en el país. ¿El problema es la importación? No. Para nadie es un secreto que producir en Colombia es muy costoso: el valor de los insumos, la falta de infraestructura en las fincas productoras, los costos del flete y la cantidad de intermediarios resultan en un cóctel perfecto para que fenómenos como la sobreoferta de papa ocurran, al no poder ser competitivos en el mercado internacional. Es hora de invertir en infraestructura, focalizar las ayudas para mejorar y modernizar la producción, sin que caigamos en asistencialismos que tarde que temprano llevarán a la quiebra a más de un productor.

Estos son tan solo pequeños ejemplos de cómo está completamente tergiversada la forma en que se hace y para quien se hace política en el país. Nos volvimos gobiernos de encuestas y de retuits pero no hemos revertido la tendencia absurda de no pensar en colectivo. Llegó la hora de pensar en el país y de apostarles de verdad a la educación, a la investigación y al desarrollo (I+D) como motor de desarrollo y crecimiento empresarial y a la modernización del Estado, para lo que necesitamos dejar la retórica, la mentira y el lenguaje cifrado que siguen perpetuando la perversa forma en la que se hace política en Colombia. Una vez lo hagamos, estaremos más cerca a dejar de responder correctamente las preguntas equivocadas y, en consecuencia, más cerca a crecer como sociedad.