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Analistas 07/10/2021

No todo es como se pinta

Guillermo Cáez Gómez
Socio en Cáez Muñoz Mejía Abogados

Desde hace muchos años he escrito en la misma línea respecto de los mal llamados “paraísos fiscales”. En la espantosa época en la que el secuestro y la extorsión eran las figuras que reinaban en el país, el grupo guerrillero de las Farc se atrevió a generar su primera “ley” en la que, entre otras, se regulaban las “contribuciones” a las que tenía derecho por su actividad ilegal.

Desde ese entonces, muchos de los capitales de empresarios en el país tuvieron que huir para estar lejos del control contable y de las auditorías ilegales que hacían los diferentes grupos al margen de la ley, todo para intentar mantenerse a salvo del secuestro, la extorsión o la misma muerte.

Por otro lado, es cierto que la figura en el mundo se ha usado para tratar de generar eficiencias tributarias de jurisdicciones fiscales en países con alta carga de impuestos para las empresas; en otros casos, para evadir impuestos de esas mismas jurisdicciones e incluso controles de compliance en lavado de dinero o de activos.

Como pueden ver, el propósito por el que se crearon y aún se constituyen sociedades de este tipo no es uno solo; como no lo es, es bueno dejar de satanizar todo lo que alguien decide vendernos como malo sin realmente entender que la figura no es mala por sí sola, sino la forma en que se emplea. Voy a dar un ejemplo para explicarme mejor.

Un vehículo puede ser usado como para transportar alimentos para personas en una situación de vulnerabilidad o medicinas para enfermos en lugares apartados. También puede usarse como un arma para asesinar a una persona atropellándola.

En el primero de los casos, nadie cuestionaría o tildaría de ilegal las dos acciones, pero en el segundo de los casos, ninguno de nosotros dudaríamos en pedir justicia contra esa persona que usó el vehículo con la intención de matar. En ambos casos el elemento común es el vehículo, cuyo uso podremos catalogar de buena o mala conducta, dependiendo del caso; lo mismo sucede con las sociedades offshore.

Queridas lectoras y lectores, en Colombia hay una tasa de tributación para las empresas de 68%, una de las más altas de la región (la tercera más alta en América Latina), lo que incentiva a quienes pueden a sacar sus capitales en busca de mejores opciones tributarias.

Solo para tener contexto y preocuparnos más, los países de la Ocde la tienen (en promedio) en 24%, la Alianza del Pacífico en 27% y América Latina en 46%. Aún así, recordemos que ser eficiente en impuestos no es ilegal, pues estos activos en el exterior se declaran y es conocida dicha actividad por la autoridad tributaria, así que no seamos tan mojigatos.

Lo cuestionable es usar esa figura para evadir impuestos, es decir, no declarar estos activos en el exterior. Así como el vehículo, todo pasa por los humanos y sus acciones. Lo que debemos hacer es condenar de forma enérgica a quienes pervierten esos modelos para cubrir un delito con otro, no a quien tiene una cuenta o una sociedad offshore declarada y por la cual se tributa en el país.

Así que, como siempre, quiero dejarles una reflexión: no sigamos promoviendo los linchamientos colectivos y desinformados. De nada sirve un país de “tendencias en redes sociales”, si no adecuamos nuestro comportamiento. ¿Queremos los resultados de Japón? Pues hagamos el proceso que hicieron y hacen los japoneses para ser la sociedad que son.