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Guillermo Cáez Gómez

A poco de las elecciones regionales y de lo intenso que se pondrá en panorama en el país debido a la capacidad de nuestros políticos de ponernos en los extremos del debate, para así lograr sacar el mejor provecho al voto candente y producto de sentimientos lejanos de la cordura, tenemos que evolucionar como sociedad si de verdad queremos que nuestro panorama cambie de manera radical.

Hace poco veía un video que se titulaba en su traducción al español: Cómo dar mejores discusiones jurídicas y en este el autor explicaba -con absoluta suficiencia- que la mejor forma de empezar a cambiar la forma en que nos enfrentamos en los argumentos políticos y de esa manera empezar a llegar a puntos de encuentro en situaciones diametralmente opuestas. La apuesta es sencilla, empecemos para darle a nuestro contradictor el respeto que se merece y, como dice el Robb Willer:” empatía y respeto es lo único que nos debemos entre los conciudadanos”.

No podemos olvidar la profunda vergüenza que ha significado los últimos debates electorales en el país, desde lo regional a lo nacional la apuesta -de un lado y del otro- ha sido enfrentarnos en dos discursos absolutamente incendiarios, llenos de miedo y queriendo que aflore lo peor de cada uno en un debate que debiera construir y no llevarnos a seguir en el enfrentamiento que nos caracteriza en nuestra historia. Aprendamos las lecciones y no nos dejemos encasillar en uno u otro bando pues la construcción de Colombia no puede debatirse en una esquina en voz baja y a espaldas del otro.

Nos corresponde entonces a nosotros como conciudadanos empezar a dar el ejemplo del que no podrán aprovecharse quienes se benefician de sembrar el odio al contradictor: unos en sus fincas y otros con sus zapatos de millones deciden cuál es la ruta del debate nacional, desviando -convenientemente- la atención de las verdaderas necesidades del país.

Aprendidas las lecciones que nos han dejado elecciones como: hackers que no fueron hackers (según la justicia), chuzadas, tutelatones, entre otros tantos espectáculos de circo romano. Teniendo esto como aprendizaje es que podremos superarnos como país y convertirnos en una mejor sociedad en la que las realidades de nuestros conciudadanos sean producto del debate respetuoso y de propuestas de cara a mejorar siempre las condiciones actuales, no solo de cortar cintas para asegurarse un sucesor en el cargo.

Si por el contrario, seguimos permitiendo que nos manejen los asuntos de opinión, nos hagan creer que tenemos unas necesidades y nos regalen gasolina al fuego de la polarización, no dejaremos de estar en extremos tan opuestos y radicales que nos ciegan en que compartimos las mismas necesidades de un país en donde la importancia de la equidad y la seguridad no sean antónimos mal representados por nuestros líderes.

Es el momento de parar esa maquinaria que nos hace odiarnos y llamarnos unos a otros con adjetivos descalificadores. Por ahí empieza la forma en que se hace un debate que nos lleve a dar soluciones a las verdaderas carencias que están más que diagnosticadas. Por eso, el llamado querido lector es a aprender de las lecciones del pasado y no dejarnos llevar por las agendas particulares que solo buscan acceder de nuevo al poder o permanecer en este, el poder por el poder solo lleva al fracaso y es un lujo que no podemos darnos en estas circunstancias. Así que alce su voz, exija altura en el debate y como yo diga: no me representan.

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