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Analistas 03/06/2021

La ilusión del indulto

Guillermo Cáez Gómez
Socio en Cáez Muñoz Mejía Abogados

Se cumple un mes desde que se reanudaron las protestas en Colombia. La forma en que se analizan y se decantan las decisiones del presidente Iván Duque y su grupo de asesores en temas tan trascendentes para el país me hace recordar al psicólogo Viktor Frankl y su libro ‘El hombre en busca de sentido’.

Esta obra describe muchos sucesos vividos en los campos de concentración del Holocausto nazi y, en especial, una condición que denominó “la ilusión del indulto”. Este efecto psicológico no es más que un estado de ánimo, un mecanismo de defensa y autoengaño, que nos hace creer en la falsa esperanza de que ese hecho doloroso esperado tomará un giro diferente en el último minuto. Es la ilusión del indulto que experimenta el condenado a muerte, quien se resiste al desahucio de un familiar y quien agoniza conscientemente, hecho que parecía presentarse con frecuencia en los campos de concentración y en el grupo de personas que lo acompañaban en tan difícil circunstancia. Incluso cuando los reclusos de los campos de concentración iban camino a las cámaras de gas experimentaban la ilusión.
Hoy, luego de un mes de reiniciarse las protestas en Colombia y sin que el Gobierno tenga una brújula que le permita ofrecer soluciones reales y estructurales, acorralado políticamente, escondido en el burdo disfraz de un tipo duro y con el miedo de pasar a la historia como el presidente que tuvo que renunciar por no tener la audacia suficiente para manejar la crisis y la deuda histórica, el mandatario da entrevistas a medios internacionales como si en Colombia no estuviera pasando nada y creyendo falsamente en que todo se va a solucionar por arte de magia. ¡Nada más contrario a la realidad!

Ni estamos cerca de ser Silicon Valley, ni los acuerdos que el presidente está firmando -solo para tratar de apagar el incendio- son suficientes para contener las décadas de olvido y marginalización a las que se ha sometido a millones de colombianos que hoy son noticia porque decidieron dejar de ser una estadística para reclamar lo que justamente les corresponde: el ejercicio de los derechos.

No es cierto que en Colombia cierto grupo de la población tenga acceso a la administración de justicia para hacer valer sus derechos, o que en el país todos tengamos garantizados derechos tan esenciales como la salud y la educación. Es muy distinto que algunos ciudadanos podamos disfrutar de casi todos nuestros derechos a generalizar que, porque algunos podemos, todos los ciudadanos pueden. ¡Empecemos por quitarnos la venda los ojos!

No es mentira que Colombia es un país desigual desde su historia democrática. Tampoco lo es que el problema es estructural y no se resuelve con soluciones simplistas e individualistas. Lo que sí es cierto es que la situación que vive Colombia no es otra cosa que el hastío por tantos años de desconexión y olvido. No podemos permitirnos el “lujo” de ser gobernados por personas que no ven más allá de su propia realidad y que están privilegiando intereses personales por encima de los del país. Tal como lo decía en la columna anterior, los mensajes del presidente Duque y de este Gobierno son lo suficientemente claros para entender que están tratando de aguantar la embestida para llegar al final del mandato, pero no para privilegiar lo que realmente necesita Colombia.

Señor presidente, es el momento de dejar de evitar tomar las decisiones correctas. Ya incluso el camino de la concertación liderada por su Gobierno tiene las horas contadas, pues todos sabemos que los compromisos asumidos no se podrán cumplir. Hay que salir de la ilusión y entender que está entrado a un laberinto al que solo le quedará la renuncia como única salida.