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Colombia: el país con intereses invertidos

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Sí, este es un país donde la gente vive aterrada, aterrada por noticias que no trascienden más de un día en los diarios y que en algunos casos poco o nada tienen que ver con asuntos de impacto nacional. Nos escandaliza que a Ernesto Manzanera (quien lamentablemente en un accidente que al parecer causó ocasionó la muerte de cuatro personas) le hayan decretado detención en su domicilio, pero no nos causa ninguna impresión que estemos negociando que crímenes de lesa humanidad vayan a pasar sin ton ni son, postura que no quiere decir que sea enemigo de la paz, pero al césar lo que es del césar y a Dios lo que es de Dios.  

Nos genera rechazo que al señor Manzanera le apliquen (bien hecho por cierto) la teoría de la culpa (y no el dolo eventual) en el delito que cometió pero no nos mueve el hecho de querer convertir el narcotráfico en un delito político. El narcotráfico es el culpable de muchos de los males que como sociedad vivimos, es origen de males como el sicariato, el terrorismo, la elevada tasa de prostitución, la corrupción y el mal endémico de los colombianos: la eterna búsqueda del atajo y el no vivir los procesos. Somos un país con intereses invertidos

Nos rasgamos las vestiduras con temas como el uso de la pólvora (la cual estoy de acuerdo en prohibir por el gran daño que causa su uso irresponsable), pero no con el uso del asbesto que también causa un daño irreparable, a pesar de que, a diferencia de la primera, es de uso permanente y en este caso no hay ninguna política de estado para frenar la extracción, producción o comercialización de esta mortal fibra. Por el contrario, hay incentivos como abrir una mina para la explotación del mineral sin que pase nada, como siempre. 

Entre las “noticias” más comentadas este año estuvo la decisión personal de Nerú sobre su sexualidad, pero no nos importó que un senador de la República, elegido para representar a cierta parte de la población, haya querido presentar un proyecto de ley copiado en una gran porcentaje del portal El rincón del vago, hecho que no mereció comentario de Petro, quien en el primer caso sí salió a dar declaraciones. Lo mejor: ni un llamado de atención ha tenido hasta el momento, cuando debería él mismo autocensurarse y renunciar. En un país serio este tipo de personajes no estaría en su cargo. 

La gente está mas al tanto de si James o Falcao juegan o no que de los efectos que puede traer la parálisis de una justicia que en tiempos de normalidad cojea, haciendo honor al dicho popular. He oído abogados decir: “¿Ah, hay paro? No tenía ni idea”. Si eso son nuestros colegas, ¿qué podemos pedirles a quienes no lo son? Los efectos reales de este paro no son los económicos: la gran afectación es la percepción que sobre las personas tiene la majestad de la Justicia y la confianza que se va perdiendo en la instituciones para resolver controversias; eso sin nombrar lo que podemos proyectar como país a nivel internacional. Debemos ser objeto de burlas como “un país hablando de paz y una justicia que no funciona (risas)”. ¿No les parece incoherente?

Estas noticias resumen los intereses de nosotros los colombianos, que tenemos la libertad de seguir a x o y jugador (yo lo hago) o de tener intereses diversos (como me dijo alguien en Twitter, “querer descansar del amarillismo viendo los Premios Shock”). Pero así mismo debemos marcar mejor las prioridades en nuestras vidas: sin duda alguna tenemos derecho al sosiego, pero no podemos darnos el lujo que nos hemos dado en toda la historia como país: la indiferencia.

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