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Analistas 02/12/2021

Carta a candidatas(os) en campaña

Guillermo Cáez Gómez
Socio en Cáez Muñoz Mejía Abogados

Escribo esta columna con el corazón puesto en el país, aprovechando que comienza el mes de diciembre y, como si fuera si fuera una lista de regalos de Navidad para los llamados “Pacto Histórico”, “Coalición por la esperanza” y cualquier otro candidato a la Presidencia, quiero poner los reflectores más en la agenda que en nombres de las alianzas o incluso por encima de las personas que conforman las diferentes tendencias en esta campaña electoral.

Nunca he ejercido un cargo político, pero tuve la oportunidad en mi juventud de participar activamente en diferentes campañas, hasta que el mundo que rodeaba la política en ese entonces hizo que dedicara mis esfuerzos mejor en otros lugares donde al menos hubiera alguna voluntad del cambio. Este contexto es importante porque me permitió entender que cualquier organización política (sin importar su naturaleza, nombre o quien la presida) tiene la inevitable tendencia de la búsqueda del poder, de las mayorías parlamentarias, etc. Tal vez en el país no existe o no se conoce algún caso del ejercicio político por la pura vocación altruista y mística de servir al ciudadano.

Esta vocación de poder que vengo hablando no es ajena a todos y cada uno de los aspirantes a la Presidencia y parte de las dos uniones más sonadas. Esta filiación al poder no tiene nada de malo siempre y cuando esté alineada con los intereses del país y no con agendas personales, como ha sido el común denominador en los últimos años. Así que, señoras y señores, candidatos y candidatas, esta columna es para poner sobre la mesa un tema alrededor del cual, como colombiano, creo que debe girar una buena parte de la conversación política.

Nadie niega que Colombia es un país con pocas oportunidades y mucha pobreza. En este camino se podrán pensar muchas alternativas, pero por espacio me limitaré a la que creo que debe ser la prioridad, pues ataca muchos problemas directamente y otros de forma colateral. Esta constante de frustración de Colombia se logra con una decidida, audaz y concertada apuesta por la educación que priorice las carreras STEM y tal como lo he dicho una y otra vez, convierta a la universidad pública un escenario creador de valor por conducto de la generación de valor agregado científico patentable y al servicio de modelos de negocio que abran espacio y oportunidades no solo en la academia e investigación, sino de empleabilidad.

La apuesta tiene que volverse política pública de forma decidida y a largo plazo, o la frustración ciudadana continuará creciendo al punto que rompa todo el sistema. Desde la inversión en educación e investigación y desarrollo se atacan problemas de pobreza, seguridad, empleo, crecimiento económico y competitividad. Pero no basta solo con decirse exprofesor, estudiante de la pública o cualquier otra diatriba, que no son más que calificativos subjetivos que solo quieren cautivar votantes y no transformar realidades.

Todo empieza por la transformación del sistema educativo. Un ejemplo de lo desactualizado del modelo educativo actual es la jornada de estudio. La jornada de un niño en el colegio es de casi 8 horas, mismas horas que son en las que se basa la jornada laboral tradicional. Y sí, tienen relación una con la otra pues de pequeños se nos moldeó el comportamiento para soportar la larga jornada sentados trabajando pero, con los nuevos modelos de negocio y la pandemia, las jornadas y formas de trabajo se modificaron pero los tiempos de estudio no. Este es tan solo un grano dentro de una arenera de problemas que tiene nuestro modelo de educación. Así que, candidatas y candidatos, es momento de que salgamos de los nombres rimbombantes para las alianzas y del ataque al contradictor, y pasemos al debate de fondo en donde la inversión en investigación y educación no solo sea un eslogan de campaña. ¡Los quiero ver!