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Analistas 02/03/2021

Quiebra, finanzas y Malagón

Germán Eduardo Vargas
Catedrático/Columnista

El planeta está quebrado y el establecimiento lo desprecia. Siempre existieron la corrupción y polarización glocal, nunca la cooperación doméstica y multilateral; las brechas son tan universales como astronómicas, y la deuda impondrá consecuencias apocalípticas. Agregue la «Mala g-estión de Malag-ón», y la inédita guerra bursátil, anunciando un alternativo «Fin para algunas and-anzas en Fin-anzas».

I. La tecnocracia ha sido peor que la enfermedad, porque sus modelos no contienen ideales sistémicos, ni comprenden la complejidad de los fenómenos modernos. No deconstruyó los principios y fundamentos de sus pseudociencias, y el Gran Confinamiento acarrea, sobre la insostenible deuda, la pesada sombra del estancamiento secular, tras la Gran Recesión.

II. Las flexibilizaciones cuantitativas y los estímulos fiscales permanecen desconectados de los ciudadanos, que afrontan las consecuencias del desempleo y las distorsiones de la competitividad monetaria-comercial, en su capacidad adquisitiva. Se avecina una avalancha de defaults y bancarrotas, e incluso la asimétrica UE tiende a la implosión.

III. Emergió Occupy Wall Street, 2.0; un cardumen de aficionados derrotó a los tiburones, conquistando la estrategia con la que esos fondos de riesgo erigieron la reciente pirámide hipotecaria (shorting).

IV. Los poderosos disponen de suficiente dinero para ganar la guerra; y, si eso no bastara, reciben el oportunista amparo de la justicia secundada por Facebook. Además, el peor enemigo estaba infiltrado: Robinhood traicionó su promesa de socializar la inversión, y Musk posa como guerrillero, detonando burbujas en beneficio propio (influencer, pump & dump).

V. Siguiendo el «hábitot», plagiamos mal los modelos que fracasaron en países desarrollados, como la Hipoteca Inversa, destinada a concentrar la propiedad y destruir eventuales herencias entre los humildes. Malagón reincidió, y, tras la Renta Vitalicia Inmobiliaria (2020), su empeño dio frutos editando la Ley de Vivienda (2021), que ampliaría los plazos de las hipotecas, sobre 30 años, respetando criterios de “estabilidad financiera” (Art. 9), en una era de absoluta incertidumbre e insolvencia.

Círculo vicioso, aunque el papel aguanta todo, la amortización será mínima y los intereses máximos. Terminará expropiando la propiedad, u obligando a renunciar a ella, y constituirá una deuda intergeneracional, como la de las pensiones, porque desconoce la emergencia del hogar unipersonal (duplicó su participación desde 2005, hasta 1/5).

VI. Además de liquidar el insuficiente paradigma de casas gratis, de Santos y Vargas Lleras, no intervino los precios, beneficios tributarios ni tasas de los intermediarios, que especulan y se enriquecen con los estímulos del Banco de la República.

VII. Según el balance de sus intenciones y el impacto de sus actos, en el beneficio «propio-común» (Allegro ma non troppo, Cipolla), clasifique en alguna de las siguientes categorías a los abogados, economistas, inversionistas, empresarios, poderes públicos y ciudadanos: Inteligentes (gana-gana), Incautos (pierde-gana), Malvados (gana-pierde) o Estúpidos (pierde-pierde).

«Columbia»: país de sobrevivientes del mínimo, arrendatarios en bancarrota y propietarios capitalizando la ‘Teoría del Más Tonto´. El problema es “la economía, estúpido”.