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Analistas 09/03/2021

Puerta giratoria, universidad-política

Germán Eduardo Vargas
Catedrático/Columnista

La tecnocracia defraudó y la politiquería corrompió los centros de pensamiento, investigación y educación. Atravesando esa puerta giratoria, cada Designación-Elección demuestra un retruécano: academizar la política equivale a politizar la academia.

Círculo vicioso o lógica bicondicional, por designación política los malogrados MinEducación no son pedagogos: Alfonso Valdivieso, Carlos Holmes, Emma Mejía, Francisco Lloreda, Cecilia Vélez, Fernanda Campo, Gina Parody, Yaneth Giha y Victoria Angulo. Asimismo, la «democracia» derrotó a la tecnocracia en Fecode y las universidades, cuya autonomía es tan fallida como la independencia de las Ramas del Poder.

La selección de rector en Los Andes se definió entre exministros (ninguno de educación). Un exdirector del DNP dirige Fedesarrollo; otro economista exrector de varias IES, pasó al MinComercio; el rector del Externado presidía una Corte, y la elección del sucesor detonó choque de trenes entre abogados, exaltos cargos del Estado.

Grupo Bolívar tiene influencia en esa universidad; Colpatria en los Andes, y las demás también son feudos sin ánimo de lucro, que ostentan egresados cuyo trampolín burocrático fue la corrupción y disputarían el descenso en los escalafones de competitividad.

Las privadas reciben recursos públicos del Icetex, Pilo Paga*, Innpulsa y Colciencias*, sin socializar la educación ni ofrecer suficiente retorno social. Eso se refleja en el déficit de la Universidad Nacional, que además está en deuda porque su ausencia brilla en debates trascendentales, desde Moncayo, Palacios y Wasserman.

Pese a no haber sido refrendada por la comunidad universitaria, algunos sectores celebraron la designación de la primera rector. No representó futuro mejor, tal como anticipaba su edad (de retiro), y ahora aspira a una «reelección» que solo convoca indignación mediática cuando se trata del innombrable, quien, por cierto, es el único expresidente egresado de universidad pública, desde 1990.

Principio «hologramático», tal como Bogotá-Colombia, la polarización se expresa mediante la ignorada Cultura Ciudadana, cuya desidia deja en ruinas a la Ciudad Universitaria, y vandaliza otros bienes públicos; también a través de la indiferencia hacia el Porvenir del Enclave, manifestada por la abstención.

Las propuestas se concentraron en el acoso y la equidad de género; excluyeron otros discriminantes, y ocultan que la meritocracia también depende de la red social. Además, evadieron la virtualidad como alternativa para avanzar hacia la gratuidad, universalidad y ubicuidad, aunque la pandemia develó falta de pertinencia-recursividad pedagógica, y la emergente competencia de las universidades-empresas globales.

Pérdida de identidad, la mayoría de candidatos no estudió en esa Universidad, y la tendencia entre sus egresados notables, desde Sarmiento Angulo hasta Minvivienda, hace parecer que la Nacional se «Andinizó».

Para rematar una Alcalde con PhD en Política designó como SecEducación a una Contadora con Doctorado en Políticos; invirtió en el trabajo en casa del Grupo Energía Bogotá y condenó a los sépticos colegios a operar como guarderías, para reactivar el desempleo a cielo abierto. Cheyne, rector del Rosario, sería excelente MinEducación; y Cecilia López, Presidente.