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Analistas 11/02/2025

Equipo de desgobierno

Germán Eduardo Vargas
Catedrático/Columnista

Dos años después, frente a su despelotado gabinete, «Aureliano» recordaría aquella tarde en que dio papaya […pues…] no tendría una segunda oportunidad para aterrizar sobre la presidencia. Manipulando ese novelón, Petro destiló el ocultismo y la hipocresía de la gestión pública.

Primero, los colombianos hemos presenciado peores episodios parlamentarios. Segundo, tras aplicarle filtros a la imagen que desean proyectar, los presidentes siempre aparentaban autenticidad, incorruptibilidad, efectividad, confianza y armonía. Tercero, en las empresas «públicas» -i.e. que cotizan en bolsas de valores- también maquillan los reportes. Cuarto, quien haya participado en algún comité de trabajo, en privado podría atestiguar que el disenso es tan recurrente como irreflexivo.

Adaptando la guía de Lencioni, diagnostique la «disfuncionalidad» del equipo: A. Soberbia o autocomplacencia. 1. ¿Afrontan los desafíos? B. Falsa cohesión. 2. ¿Hay articulación, aunque haya desacuerdos? C. Vaguedad. 3. ¿Saben qué hacen y cómo aportan los demás? D. Divagación. 4. ¿Las reuniones tienen objetivos, metodologías y resoluciones útiles? E. Desobligar o culpar. 5. ¿Rinden cuentas y administran consecuencias?

Además de esas falencias, en el Gobierno del cambio hay diversos «teléfonos rotos». Aunque el séquito le siga creyendo al Presidente -o finja hacerlo para aprovechar el «cuarto de hora»-, nadie entiende sus desvaríos o incoherencias. Planeación tampoco aclaró la visión, no enfocó las prioridades, no alineó las corresponsabilidades y la ejecución fue deficitaria.

Enemigo interno, su equipo está en guerra total por el favoritismo, la agenda o la sucesión, que Él percibe como traición. Desgastada, esa primera línea de gobierno terminó siguió su ejemplo y ahora le llega tarde, le improvisa o le chantajea, porque no seleccionó al talento ponderando su razonamiento moral, sus méritos, sus antecedentes y sus habilidades blandas, como estilo de liderazgo, pensamiento sistémico y gestión del cambio.

Floreros de Llorente, la trepadora y el adicto, a quien encargó como jefe de despacho porque está «loco», confundieron «revolución» con «rotación» de funcionarios, renunciando mediante X. Nada nuevo, la década pasada el actual embajador en Estados Unidos le dimitió a Petro etiquetándolo como «déspota».

Él no cambió, su gobierno nacional no fue transformacional, porque nunca tuvo redactadas las reformas sistémicas, y su liderazgo no fue democrático, porque en los «consejos» no hay deliberación ni votación colegiada.

Actores de reparto, los sindicalistas, sectarios o caníbales, como él los presentó, pusieron en escena una versión criolla del “Argument Clinic” de Monty Python (t.ly/w0GIU), pues chateaban, refunfuñaban, se llevaban la contraria o se intimidaban, invocando la típica falacia (ad hominem), durante cada monólogo o discusión.

El perfecto sustituto del «subpresidente» fue este jefe de estado «fallido», cuyo equipo está conmocionado porque ignoró el Arte de la Guerra: ganará quien sepa cuándo insistir y cuándo no hacerlo, pues, si no conoces al enemigo ni a ti mismo, siempre sucumbirás. Petro: ahora que la indignación se hizo costumbre, “empieza a presentirse de la epopeya el fin”.

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