Un virus chino conquistó al mundo, al igual que sus medidas totalitarias para neutralizarlo. Emulando su lema, “un país, dos sistemas”, Apple y Google intervienen la privacidad para rastrear la pandemia, mientras su Gobierno Corporativo muta hacia un Estado de Control.

La telemática redujo la densificación social para neutralizar el riesgo de contagio, y constituye la gran ganadora de este aislamiento, que nada tiene de solaz. «Virtual insanity», necesitamos desinfectar esa Economía de Cilicio, cuya revolución la impulsó el Silicio, tan fácil de confundir con el Cilicio, aquel accesorio con el que asumían penitencia los filósofos estoicos, que influyeron en los empresarios del sector.

En río revuelto, ahora que el empleo está en «hibernación», hacen su agosto desafiando al aislamiento, y capitalizando la precarización laboral; «covidiotas» y «oportunist-apps», fíjese en Uber, donde Empleado=Socio, o Rappi, donde Empleado=Usuario. Tal como sucedió con las farmacéuticas, la cura resulta más mala que la enfermedad, y el estado Virtual=Real.

Recuerde el revolucionario comercial de Apple, 1984≠1984 (https://www.youtube.com /watch?v=M0XsFBTb5tA), cuyos sofismas y promesas resultaron tan falaces como las demostraciones de la equivalencia 0=1. Factor común, 1984=2020, aquel entonces «socialistas» y capitalistas disputaban una guerra «fría», existía el «muro de la vergüenza» y había amenaza «nuclear»; hoy, sustituimos el término de la izquierda por «comunistas», y, sucesivamente, «monetaria/comercial», «fire-wall/migratorio», y «climática/covid-19».

La referida publicidad prometía libertad mientras violaba la propiedad intelectual de 1984 (Orwell), y jaqueó nuestra programación neurolingüística ocultando que el Salvador era Victimario. Hoy sabemos que IBM=Apple, y GAFA=BATX, “Directivas de Purificación de Información” que «prevalecen», porque su mazo no imparte Justicia Social sino que encarna el totalitarismo.

Esos Sistemas son que el Todo. Desintegraron la cadena de valor global, por conveniencia tributaria o salarial, y sus intangibles convirtieron la economía moderna en ciencia ficción, disfrazada de solidaridad: «Fin-Tech». Ingeniería fiscal, evadieron la iniciativa de la Ocde para definir un impuesto que mitigara la evasión (dumping); también la teórica ‘Tasa Google’, que desconectaría el término «hack» de esos trucos financieros, el robo de datos y la creación de atajos que condicionan nuestras creencias y hábitos.

Legal versus moral, el análisis se bifurca entre quienes abogan por obtener una compensación «justa», y quienes plantean que los derechos fundamentales, subyacentes a la información y la democracia, son no negociables. En cualquier caso, las asimetrías dan forma al mercado, donde la distinción entre propiedad y control, y los arbitrarios supuestos de valoración, representan trampas (considere las muestras «gratis» o los «regalos» para captar sus recursos informáticos).

Quizás solo sea una desafortunada coincidencia, pero el «paciente cero» del Coronavirus fue Wuhan, domicilio del Centro de Investigación 5G de Huawei, empresa que fue «aislada» de las principales economías, por seguridad nacional. Finalmente, reflexionemos sobre el impacto de la pandemia y la automatización, en el presente y futuro del trabajo: ‘Work Without Hope’ (Taylor Coleridge).