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Analistas 04/05/2019

Educación y Paz

Germán Bolívar-Blanco
Analista y consultor

El tema más importante en el desarrollo social es tal vez la educación, porque constituye y determina la semilla y campo de acción en el que se desenvuelve la relación que todos nosotros establecemos con los entornos donde vivimos y nos expresamos en cualquier condición y circunstancia, siendo así la raíz, el árbol y el fruto que le brindamos a la humanidad, traducido en la forma y fondo como interpretamos la paz, donde el factor verdad es absolutamente esencial, pero aún muy subjetivo.

Es ahí donde la calidad del campo y la disposición del terreno que cada cual representa juega un rol trascendental, un papel fundamental, manifestado en la calidad humana que consciente o inconscientemente tenemos para hacer el bien o el mal, donde los egoísmos en una sociedad de mediocres y caudillos, la gran mayoría de las veces decae en manipulación y mentira, que claro está se siente y vive al interior de muchísimas familias como la principal célula social, alternativa que desde las primeras civilizaciones tristemente ha significado el atraso y la decadencia, en contraposición al desarrollo y el virtuosismo.

De esta realidad da cuenta nuestra amada tierra, nuestro terruño del alma, el país que nos pertenece a todos, pero manejado desde su origen por intereses amañados, por élites privilegiadas que solo han respondido a las ambiciosas pretensiones de los que se han mal enriquecido cualquiera sea la esfera y rango de acción donde aplican y despliegan sus actividades, sea privado o público, y en éste último en el ejecutivo, legislativo y judicial, de lo municipal, a lo departamental, hasta lo nacional; en una suerte de lógica perversa sin fin.

Por eso es necesario apelar a la educación en la cooperación basada en la sana solidaridad, no solo en el plano de las habilidades para vivir en armonía y autonomía, sino sobre todo en las condiciones sociales y familiares que corrijan desequilibrios y desafueros, so pena de seguir en círculos dañinos alejados de las posibilidades que garanticen la sana armonía y convivencia, para lo cual es preciso utilizar y darle adecuada aplicación a la sanción familiar y social a los comportamientos negativos ante el orden Divino, pero sobre todo los que instrumentalizan, someten y condenan a otros por pecados ajenos en beneficios particulares acomodados a lo fácil, a la cultura del atajo; siendo esta la base para realmente construir una sociedad sostenible, equitativa y en paz.

El bienestar general es un bien supremo en cualquier sociedad, desde su núcleo básico, la familiar, a los esquemas societales más complejos y diversos, con el respeto hacia lo que esto significa, donde la educación para la paz debe considerar muy bien estos conceptos, ahora por ejemplo cuando se define la suerte de las objeciones presidenciales al marco jurídico de la JEP, so pena de seguirle dando privilegios a mafias enquistadas, que quieren dominar.