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La categoría de café en Colombia crece, se valoriza y el consumidor lo respalda. El momento de construir consumo de valor en casa es ahora.
Los datos más recientes de NielsenIQ, con corte a marzo de 2026, entregan una señal poderosa: la categoría de café en Colombia factura más de $3,2 billones anuales y crece +32% en valor. El consumidor colombiano está dispuesto a pagar más por su café. La categoría no solo resiste el alza de precios: la absorbe. Eso, en el lenguaje de los mercados, se llama valorización, y es exactamente lo que debería ocurrir con el mejor café del mundo.
Esa valorización tiene dos expresiones complementarias. El café molido, que representa casi dos tercios de la categoría en valor, crece en facturación, pero enfrenta leve contracción en volumen: el consumidor compra menos kilogramos y paga más por cada uno. El café soluble presenta una dinámica más saludable, creciendo simultáneamente en valor y volumen, y ganando participación sostenida en la canasta del hogar colombiano. Dos segmentos, dos dinámicas, un mensaje común: el consumidor colombiano está dispuesto a pagar más por su café, y esa tendencia no es coyuntural.
El análisis se vuelve aún más revelador en el segmento premium. Hoy, uno de cada diez pesos gastados en café en Colombia corresponde ya a café premium, con una tendencia positiva sostenida a lo largo del último año. La penetración del segmento ya alcanza uno de cada cuatro hogares colombianos.
Pero hay un hecho que, como país cafetero, nos debe llenar de orgullo y de responsabilidad a la vez: el segmento premium de café es 100% café colombiano. No hay origen extranjero compitiendo en ese espacio. Cuando un hogar colombiano decide pagar más por su café, está eligiendo el café de nuestros caficultores, con nombre propio, con región identificable, con historia en cada libra. Huila, Nariño, Cauca, Sierra Nevada, Eje Cafetero, Santanderes: regiones que el consumidor colombiano está comenzando a descubrir. El precio por kilogramo del segmento premium prácticamente duplica al del segmento regular. Esa trazabilidad es nuestra mayor ventaja competitiva en el mercado doméstico y todavía no la hemos desarrollado a la escala que merece.
Pero hay una señal de alerta que no podemos ignorar. El segmento regular enfrenta presión creciente de las marcas de precio bajo y los productos de marca propia, que crecen 52% en valor, ocupan el segundo lugar en participación de mercado y son la única fuerza competitiva que gana simultáneamente en valor y volumen. Cuando el precio sube sin que el consumidor perciba valor equivalente, migra hacia la opción más económica.
Y cuando eso ocurre, existe la necesidad de importar de otros países. La respuesta debe estar en construir el valor percibido que justifique la diferencia: origen trazable, calidad verificable, experiencia en taza. Todo lo que el café colombiano tiene y que aún no hemos monetizado plenamente en nuestro propio territorio.
La lectura del consumidor profundiza este argumento. El 81% del gasto en café premium proviene de hogares que también compran café regular. El consumidor fiel exclusivamente al café de calidad aún no existe en escala en Colombia. Está en construcción. Y esa es la tarea más importante que tiene la categoría: convertir al consumidor ocasional en un consumidor habitual, que reconozca en el origen y en la trazabilidad una razón suficiente para no volver atrás.
Ese trabajo lo debemos hacer ahora en la tienda de barrio, donde Colombia tiene más de 204.000 puntos de venta y donde el NSE Bajo creció su gasto 19,1% en el primer trimestre de 2026. Los hogares jóvenes de estratos medios y altos son la mayor oportunidad de penetración: alta disposición de gasto, baja frecuencia de compra de café de valor.
Colombia no necesita convencer al mundo de que su café es el mejor. Ya lo hizo. Lo que necesita ahora es convencerse a sí misma. Y los datos dicen que ese proceso ya comenzó.
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