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Hay planteamientos que, desde la banca pública, pueden parecer deseables, pero que en la práctica resultan altamente riesgosos. Por ejemplo, otorgar créditos a 0% de interés real sin demostrar ingresos, o eliminar los filtros y puntos de corte de los modelos de score crediticio para aprobar créditos de manera abierta, respaldándose únicamente en colaterales como garantía de la deuda, sin considerar la calidad de la cartera. Este tipo de medidas podría entrar en contradicción con la regulación vigente y con los principios de una gestión financiera y de riesgos sana en cualquier entidad financiera.
Sin embargo, lo posible también puede entenderse más allá de la rentabilidad financiera: puede estar en el beneficio de la gente y en el impacto social. Hacer lo posible por la gente es hacer lo posible por cambiar vidas. En materia de vivienda, esto no solo se refleja en el acceso a vivienda nueva o usada, sino también en la posibilidad de mejorar el entorno habitacional de las familias. Esto solo es posible, en muchos casos, a través de la banca pública. Según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la banca pública es un pilar fundamental en la política de crédito de vivienda en varios países, especialmente en economías emergentes y en desarrollo, al actuar como un instrumento contracíclico y de inclusión financiera en aquellos lugares donde la banca privada no llega.
En Latinoamérica existen dos entidades referentes en este sector: en México, el Infonavit, con más de 20 millones de afiliados, y en Colombia, el FNA, entidad que tengo la fortuna de liderar, con más de 2,6 millones de afiliados. Ambas muestran la necesidad de que las políticas tradicionales de originación sean analizadas de manera integral.
Por lo anterior, persiste la necesidad de entender a las personas más allá de los ingresos tradicionales o de un extracto bancario: comprender sus actividades económicas, fortalecer su disciplina de ahorro, ajustar en lo posible los scores, acompañar en campo la validación de ingresos y reconocer cuándo esa actividad no solo existe en el papel, sino que hace parte de una vida.
También es entender que el ahorro puede considerarse un hábito de pago, en la medida en que se incorpora dentro del comportamiento financiero a través de un ahorro periódico. Todo esto debe estar acompañado de la diligencia y la pasión con las que se trabaja para impactar personas. Hacer lo posible es cambiar una tradición para transformar vidas, dándoles a más hogares la oportunidad de tener vivienda.
Sin desconocer que la gestión del riesgo exige prudencia, rigor técnico y responsabilidad financiera, las políticas tradicionales también pueden dejar por fuera a segmentos que requieren una mirada distinta. Hoy, en el FNA, una entidad totalmente pública, hemos hecho lo posible para impactar aquello que parecía imposible: más de 80% de nuestros afiliados están entre 0 y 2 salarios mínimos, más de 20% iniciaron su proceso siendo informales y más de 40% de los desembolsos, por más de $6,5 billones, se colocaron en tan solo dos años. Esto es hacer posible lo imposible para transformar vidas.