Analistas

Lo que se viene

En estos días de incertidumbre, el mundo entero se pregunta cómo la elección del candidato presidencial republicano repercutirá en los sectores de la sociedad americana y mundial. El buen comedor trata de entender, a grandes rasgos, cuáles pueden ser las diferentes políticas económicas, de medio ambiente y sociales que influirán el futuro de la comida, su calidad y obtención durante los próximos cuatro años, por lo menos.

 Trump apoya la teoría de algunos empresarios que dice que el calentamiento global es irreal y no se necesitan medidas que aboguen por su bienestar. Ha declarado que una de sus primeras acciones será acabar con la Agencia de Protección del Medio Ambiente y echará para atrás el acuerdo firmado en noviembre en París. Premiará el derroche continuo de los recursos naturales, priorizando las ganancias de pocas empresas sobre salvaguardar los recursos naturales. Estas son malas noticias para la producción de alimentos, pues existe una correlación inminente entre la calidad del abastecimiento de ingredientes y el bienestar del medio ambiente.

 El mundo proteccionista en el cual Trump quiere sumergir a EE.UU., obligará a muchos países y su agricultura a buscar otras alternativas de negocios, pues él ya ha anunciado un bloqueo contra México y China. Estas políticas también afectan al americano promedio, quien tendrá que pagar más por sus insumos al contar con menos opciones y con una mano de abra americana, no-inmigrante y mucho más costosa. Esto puede ser un gran choque para los estadounidenses acostumbrados a tantas gangas; en los años 50 un americano promedio gastaba aproximadamente 34% de su sueldo en alimentos, hoy el gasto ha bajado a alrededor de 9%, mucho menos que cualquier otro de los llamados países desarrollados.  Adicionalmente, la persecución por los inmigrantes que ayudan a mantener el costo de la producción de comida bajo, tendrá que aumentar, es decir, la producción local de insumos, también subirá. El 2% de la población campesina está constituida por inmigrantes ilegales.

Puede que las políticas de retroceso de Trump, en algunos casos beneficien la industria alimenticia: menos importaciones y exportaciones, más producción local, menos gasto en transporte de alimentos. Si Trump cumple con sus promesas, los norteamericanos sentirán el cambio que esperaban, en sus bolsillos, como en su calidad de vida, por generaciones.