Empresa, el pívot del desarrollo

La reapertura económica se ha venido dando gradualmente, lo cual es un hecho esperanzador en medio de esta pandemia. Buscar el equilibrio entre proteger la vida y darle salud a la economía es el camino. Pocos desconocen que el encierro era necesario para salvar vidas, pero reconocemos que va a generar un retroceso a los avances de nuestro desarrollo social y económico.

El coronavirus va a convivir con nosotros por un tiempo, al igual que muchos de sus efectos negativos. El reto que tenemos como sociedad para lograr recuperarnos con mayor velocidad pasa por poder generar confianza, la cual no se impone, se forja y en gran medida surge cuando como sociedad construimos acuerdos fraternos.

A algunos les puede sonar raro, pero el eje central de este acuerdo no debe ser el Estado, será muy importante, pero no el actor principal. Los acuerdos deben tener como pívot estructural a la empresa. Ella es la casa común donde conviven, empleadores, proveedores, entorno social, medio ambiente y el estado. Si el resultado reciproco de las relaciones de esta casa común son positivos para la sociedad, tendremos la posibilidad avanzar.

Buscaré explicar mejor la idea de cómo tejer una red de acuerdos fraternos entre la empresa y los otros actores que conviven dentro de ella, lo ilustraré con un par de ejemplos:

Con los trabajadores se debe buscar un acuerdo donde sus salarios los dignifiquen, las jornadas laborales sean más cortas para que tengan mejor calidad de vida, pero donde también se permita la flexibilización con seguridad de las relaciones laborales.

En tiempos de covid se deben buscar acuerdos fraternos donde todas las partes pongan su grano de arena para garantizar la supervivencia de la empresa, pues es ella la generadora de puestos de trabajo e ingresos.
Por otro lado, se hace necesario un acuerdo fraterno entre empresa y estado, donde las trabas, procesos y procedimientos excesivos sean suprimidos.

Se deben seguir bajando los impuestos para subir los ingresos de los trabajadores. Se debe facilitar la formalización progresiva; no pagar impuestos o eludirlos no debería ser una opción para los empresarios. Al pagar los tributos el estado está obligado a la reinversión social y así poder combatir la desigualdad.

Por último, se debe construir un acuerdo entre la empresa, el entorno social y el medio ambiente. “No es posible tener una empresa saludable en un entorno social enfermo”, decía Manuel Carvajal. No olvidemos que los recursos naturales los necesitamos para producir, pero también para sobrevivir. Tenemos que cuidarlos y por ello debemos promover la economía circular, el uso de energías renovables, entre otras tantas ideas que podrían redundar en una protección efectiva de nuestro planeta.

En suma, en estos tiempos de cambio lo que necesita el país es lograr la cohesión social a través de la confianza que genera un Gran Acuerdo Fraterno. Un contrato social novedoso que respeta a los individuos, las libertades, que da garantías y exige deberes, pero que reconozca en el estado un jugador importante para nivelar la cancha en donde todos vamos a jugar.