Pocos sectores recibieron en Colombia un apoyo tan marcado para afrontar la crisis desatada por el coronavirus como el sector financiero. Siendo la banca privada una herramienta esencial en la liquidez de los colombianos, el Gobierno accedió a garantizar hasta 90% de los desembolsos solicitados para el pago de nóminas; los bancos que operan en Colombia han sido objeto de muchas críticas precisamente por actuar, en cierta medida limitados por su propia aversión al riesgo antes que por promover ciclos virtuosos y ayudar a inyectarle dinero a un país en crisis. Así pues, la irrigación de dinero a lo largo de la economía no se ha visto efectivamente reflejada.

Pero pongámoslo en plata blanca: sí, las utilidades de los bancos han disminuido pero prácticamente ningún banco reportó tener pérdidas o carteras elevadas. Para el primer semestre de 2020, el sistema financiero reportó utilidades por $2,9 billones; según los resultados acumulados año corrido solamente Bancompartir reporto pérdidas por $8.106 millones, pero los bancos más grandes del país como Davivienda, Citi, Bbva, y el Grupo Aval reportaron utilidades en el primer semestre de 2020.

Según el último informe de la Superintendencia Financiera de Colombia, la variación de cartera mostró un aumento de aproximadamente 9,8% frente al año inmediatamente anterior, pero la cartera vencida disminuyo 12,4%, es decir, sus colombianos están cumpliendo los pagos.

Si nos ponemos en la tarea de comparar a los bancos con otros sectores que verdaderamente fueron afectados por la pandemia, encontramos por ejemplo al turismo con pérdidas de hasta 95%, a los restaurantes quienes han tenido pérdidas por 55,6%, los bares, con pérdidas de prácticamente el 100%, comercio al por mayor con caídas reportadas de hasta 34,4%, y las actividades artísticas de entretenimiento pérdidas cercanas al 37,1%. Acá no se trata de que a los bancos también les vaya mal, sino por el contrario que a todos les empiece a ir mejor.

Tan solo la semana pasada, el Banco de la República redujo su tasa de intervención a mínimos históricos dados sus presupuestos de desaceleración (entre el 6% y el 10%); los mismos encargados de la política monetaria nacional prevén la necesidad de inyectar liquidez al país, y es ahí donde los bancos comerciales están llamados a construir patria mediante la instrumentalización del crédito bancario como motor para salir de esta crisis.

Estamos viviendo una reapertura económica paulatina luego de meses de encierro, y a pesar de la incertidumbre a futuro, esto debe ser visto como una gran noticia. Es el momento de los bancos, no es posible pensarse un resurgir sin que estos estén presentes sirviendo de multiplicadores del dinero y efectivamente traduciendo esto en ciclos virtuosos de la economía.

Ya es hora de que los bancos terminen de entender esta situación. Está perfecto que cuiden sus propios intereses, pero el llamado actual es claramente a que se pongan la mano en el considere, que bajen tasas, que incentiven el crédito y que inyecten capital circulante, en pocas palabras que se pongan la 10 y ayuden a darle juego a la economía.