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La tiranía de la ingeniería

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Mucho se ha escrito sobre el auge de China e India basado en el enfoque de sus currículos universitarios en ingeniería y ciencias naturales, como también del déficit de Colombia en este aspecto. Este imaginario ha llevado a una tiranía de esas carreras sobre las humanidades, tal como se evidenció con el anuncio del Mintic de otorgar créditos solo para ingeniería. El debate es más profundo de lo que parece. 

El periodista venezolano, Moisés Naim, entrevistó a Fareed Zakaria sobre el tema. Zakaria, además de ser uno de los periodistas norteamericanos más importantes, es un académico del más alto nivel, autor de varios best sellers. Su último libro se titula: En defensa de las humanidades.

En este, argumenta que en Estados Unidos se ha reducido el interés por las humanidades que son las que permiten la innovación. Hoy, el sueño americano consiste en aprender a programar, crear un emprendimiento y venderlo a Google o Apple. Según el autor, esto desconoce que tales empresas han logrado innovar al combinar el conocimiento tecnológico con el entendimiento del ser humano. 

En medicina, por ejemplo, la máquina Watson puede revisar 20.000 artículos por minuto; el mejor de los doctores solo 300. Pero, el rol del médico es crucial pues debe generar confianza y diagnosticar bien. En un experimento, se encontró que la tasa de diagnóstico acertado aumentó 20% en médicos que tomaron clases de historia del arte. 

La ciencia necesita a las humanidades. En la antigüedad esto era claro. Aristóteles dividía la ciencia en especulativa, práctica y poiética. A partir del siglo XVI, diferentes pensadores como Hobbes y Locke establecieron distinciones entre las ciencias naturales y las sociales, al amparo de un conocimiento cierto en las primeras y uno imaginado en las segundas. 

El método científico hizo que las ciencias naturales tomaran mayor fuerza y legitimidad social e intelectual. Así mismo, las humanidades trataron de adoptar esa rigurosidad, pero no fue posible. Tras las revoluciones de los siglos XIX y XX, estas últimas prosperaron con un método propio. 

Hoy, la división del saber, y el énfasis en las ingenierías y las ciencias naturales, ha llevado a violentar las humanidades. Hace pocos meses, el Ministro de Educación de Japón propuso eliminar o reformar las humanidades en las universidades públicas para dar espacio a la ciencia y a lo técnico. 

El gobernador de Florida, Rick Scott, por su parte, pretende quitarle recursos a los programas de humanidades. Ante la opinión pública, se preguntó: ¿acaso es de vital interés para el Estado tener más antropólogos? A lo que respondió: Yo no creo. 

En Colombia, la situación no es diferente. En la pasada convocatoria de Colciencias, de los 189 programas de doctorado que concursaron para recibir becas para sus estudiantes, ninguno de los 40 preseleccionados pertenece a humanidades. Los criterios de evaluación establecieron que el 70% serían asignadas a ciencias básicas e ingenierías, y solo el 30% a otras disciplinas. 

Hommes y Montenegro en columnas recientes han defendido las humanidades. Ellos, al igual que Zakaria, argumentan que las ciencias sociales son fundamentales para el pensamiento crítico, la escritura y la innovación. A pesar de esto, se ha fomentado rivalidad entre las carreras; tal como lo hizo el ministro Luna con la apertura de créditos exclusivos para 19.000 estudiantes de ingeniería. 

En vez de direccionarlos, el Estado debe ofrecer excelente calidad en la educación en todos los niveles y suficientes oportunidades para que cada estudiante elija la carrera que lo apasiona.

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