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La revolución de la economía ‘gig’

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Felipe Rincón

La semana pasada tomé un taxi y le pregunté al conductor si se dedicaba a tiempo completo a manejar. Me respondió que no, porque era diseñador gráfico en una empresa de belleza y en su tiempo libre trabajaba como taxista mediante una aplicación para mantenerse ocupado (y generar más ingresos). Y, a veces, como fotógrafo para revistas institucionales, que solo le quitaban una o dos horas al día. Es decir, trabajaba en áreas muy concretas durante un periodo de tiempo limitado.

Esta modalidad, conocida como economía ‘gig’ o economía colaborativa, consiste en hacer trabajos esporádicos mediante “acuerdos virtuales” de corto plazo para diversificar los ingresos. Para que estos intercambios sean exitosos y todos logren lo que esperan, hay un componente clave que lo constituyen los medios de pago electrónicos. Estos deben asegurar pagos protegidos que brinden la confianza de poder transferir desde cualquier lugar y en cualquier momento y, por otra parte, ayudar a la formalización e inclusión financiera de los participantes. La demanda de la economía ‘gig’ exige que las plataformas de pago sean más productivas, restrinjan el fraude y generen así un mayor impacto social. Esa es una arista importante porque a la fecha la cantidad de trabajadores ‘gig’ está aumentando progresivamente. Muestra de esto es la cantidad de plataformas en línea donde se satisfacen diversas necesidades: desde traducción de textos o creación de páginas web, hasta el solicitar ayuda con un trasteo, servicios de mercados a domicilios, taxi o de limpieza. Los trabajadores pueden subir sus portafolios de oferta y contactarse con posibles empleadores de cualquier parte del mundo y así satisfacer a más “clientes”.

La evolución tecnológica ha hecho esto posible, porque está inmersa en nuestro estilo de vida, en la sociedad, en el trabajo. Cuesta pensar en un rubro en donde la tecnología aún no se haya involucrado. Gracias a la sinergia entre el mundo laboral y la tecnología, podemos trabajar desde casa sin inconvenientes. Ahora las empresas que emplean esta modalidad pueden atraer a jóvenes millennials y de la Generación Z que buscan tener más tiempo para viajar y pasarlo con su familia, amigos o simplemente buscan más tiempo para ellos.

Horarios flexibles, buena remuneración y mantenerse alejado de las paredes de una oficina son elementos que atraen y destacan en este nuevo mundo laboral; sin embargo, esto también implica una mejor organización de tiempos y una mayor responsabilidad, incluso con uno mismo. La tecnología permitirá al trabajador estar conectado las 24 horas al día, los siete días de la semana y podrá elegir desde dónde trabajar, en qué momento, para quién o en qué proyecto. La economía ‘gig’ es precisamente eso: una economía basada en el trabajo temporal e impulsada por emprendimientos.

Las plataformas que se especializan en economía ‘gig’ han incrementado sus ingresos en 30%, según Forbes, los ‘freelancers’ están impulsando la economía en todas las industrias, como en transporte, finanzas, agricultura, educación, salud, construcción, entre otras. En Estados Unidos, se estima que este tipo de trabajadores representan aproximadamente el 34% de la fuerza laboral y se prevé que aumenten al 43% en el 2020. Sin embargo, uno de los puntos más delicados es que la mayor parte de las personas que se desenvuelven en la economía ‘gig’, muchas veces no cuentan con protección social, vacaciones pagadas y tampoco están ahorrando para su jubilación. Las empresas que cuentan con trabajadores ‘gig’ o tienen pensado implementar esta modalidad, tienen que adaptarse al cambio y los trabajadores también asumiendo con responsabilidad el desafío de vivir el presente sin descuidar su futuro. La pregunta es: ¿Estamos preparados?

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