Analistas

Dos visiones de democracia

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Este domingo de elecciones salí a votar con mi familia. Se sentía un ambiente especial, muchas personas caminando por las calles, largas filas de carros buscando parqueadero cerca a los puestos de votación y una multiplicidad de vendedores de mango, helados, churros, que, aprovechando la afluencia de ciudadanos, copaban los rincones del espacio público.

Voté en el Colegio INEM de Medellín. Nos bajamos del carro algunas cuadras antes para evitar el tráfico y aprovechar un poco del ambiente democrático del día. Por los andenes de la avenida Las Vegas veía las caras de satisfacción de quienes habían votado, caminaban tranquilos con un sentido de orgullo discreto pero visible.

Al verlos pensé en la llamada polarización del país, ésta no se sentía, pues la calma y estabilidad eran rasgos que marcaban la jornada. Más tarde leería en titulares de prensa que esta había sido el día electoral mas pacífico en la historia de Colombia. Habla bien que las divisiones en las ideas se resuelvan por la vía democrática.

Una vez en el puesto de votación, saludé a los jurados, entregué mi cedula y acudí al sencillo cubículo de cartón. Marqué con una X a la fórmula presidencial que más me gustaba y junto con mi hijo de dos años, me dirigí a la urna. Allí le entregué el tarjetón doblado y le pedí que lo introdujera en la caja; fue un momento emocionante.

A la salida me encontré con algunos amigos, compartimos nuestras predicciones sobre los resultados del día, y como los demás, salí a la calle con ese sentido de satisfacción que celebré junto a mi hijo con un helado de vainilla.

Posteriormente, con el resto de mi familia, retomamos nuestro domingo electoral en donde la consulta de noticieros, paginas web, Twitter y otras redes sociales se ha ido convirtiendo en costumbre en esta época de hiperconectividad y curiosidad por la vida de los otros.

Para ratificar lo anterior, y como una necesidad de compartir lo que sentía, escribí en Twitter que estaba feliz de haber votado y también de ver cómo tantas personas lo habían hecho. Agregué que la democracia había que cuidarla, fortalecerla y no darla por sentada. Justamente eso es lo que quisiera subrayar en esta breve crónica electoral: la democracia importa.

Afortunadamente con el paso de los años en nuestro país se han fortalecido las instituciones que aunque imperfectas, siguen sofisticando sus procedimientos y así aumentando la certidumbre a los ciudadanos.

Debemos valorar que en Colombia se puede hacer pública nuestra elección sin ninguna consecuencia negativa, y que los candidatos acostumbran a reconocer los resultados de las urnas de manera ágil y sin traumatismos (hasta ahora). Vale la pena apreciar la libertad con la que podemos decidir sobre el futuro de nuestro país.

Aún cuando tengamos diferencias específicas con la propuesta de uno u otro candidato, resulta importante evaluar cual de ellos garantiza que nuestro sistema democrático perdure y se fortalezca. Me gustó el tweet de Juan Esteban Lewin de La Silla Vacía quien dijo: “Estas elecciones demuestran una cosa: en Colombia sí hay una democracia.

Disfuncional, incompleta, lo que quieran, pero la hay”, que así se mantenga. En definitiva, para segunda vuelta hay dos candidatos con visiones diferentes de la democracia: uno que la acepta y la respeta, y otro que la cuestiona y llama a la movilización social cuando cree que los resultados no le serán favorables. Pensemos y elijamos acorde con el modelo que queremos tener en nuestro país.

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