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La inteligencia artificial nos ha obligado a pensar mejor. Así suene paradójico, para que una IA generativa sea útil necesitamos entregarle instrucciones claras y precisas, con contexto, rol, objetivo y detalle. Es decir, debemos redactar bien el Prompt. Y en ese ejercicio, ocurre algo poderoso: afinamos nuestra propia forma de pensar.
Pero, ¿por qué no aplicamos esa misma lógica cuando hacemos tareas estratégicas sin IA, o cuando le damos instrucciones a los miembros de nuestro equipo?
Te doy un ejemplo simple: imagina que debes planear una reunión de ventas con tu equipo. Lo habitual es que agendes una hora, pongas un título genérico como “revisión comercial” y llegues con ideas sueltas. Pero si tuvieras que explicarle esa misma reunión a una IA, probablemente escribirías algo como:
“Actúa como gerente comercial de una empresa B2B (acá puedes decir cuál es y qué hace específicamente). El objetivo es planear una reunión de 45 minutos para alinear al equipo sobre avances del pipeline, revisar oportunidades estratégicas y definir compromisos semanales. La audiencia son seis ejecutivos de cuenta senior, (puedes mencionar los perfiles de Linkedin cada uno) con territorios distintos (puedes dar una descripción de ese territorio). El tono debe ser directo, motivador y orientado al resultado y recomendando las acciones fundamentales.”
¿Notas la diferencia?
Ese Prompt tiene rol, contexto, objetivo, audiencia y tono. En otras palabras, tiene estrategia.
Y no necesitas una IA para beneficiarte de eso. El simple hecho de estructurar tus instrucciones como un Prompt te obliga a pensar con claridad, a anticipar escenarios, a definir prioridades. Te convierte en mejor líder.
Lo mismo aplica para diseñar una campaña, escribir un informe o preparar una presentación. Cuando redactamos Prompts para la IA somos más exigentes con el brief, con la tarea, somos más claros con el resultado esperado. Incluso más estratégicos. Y sin darnos cuenta, empezamos a pensar en capas:
1. ¿Quién soy en este rol?
2. ¿Con qué recursos cuento?
3. ¿A quién me dirijo?
4. ¿Qué quiero lograr?
5. ¿Cuál es el contexto?
6. ¿Cómo debe sentirse el resultado?
Ahora imagina que aplicaras ese mismo enfoque para ti mismo, tus actividades o tu equipo. La calidad del trabajo se dispararía, al igual que la productividad de tu unidad de negocio, o tu empresa. No por la tecnología, sino por el nivel de claridad que exige. Por el “Mindset”.
Entonces, aquí va una propuesta sencilla pero transformadora: escribe Prompts, incluso cuando no uses inteligencia artificial. Usa esa estructura para organizar tu día, las actividades que tu ejecutas, úsala para delegar tareas, diseñar procesos o liderar conversaciones estratégicas, o difíciles. Es un hábito que mejora la planificación, la ejecución… y la forma en que piensas y ejecutas.
Al final, liderar no es dar órdenes. Es sacar lo mejor de cada miembro de tu equipo, es crear claridad. Y escribir buenos Prompts es, en esencia, el arte de pensar bien antes de actuar.
No necesitas IA para eso. Solo un poco de inteligencia estratégica.
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