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Nearshoring = oportunidad

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Eric Tremolada - eric.tremolada@uexternado.edu.co

En 1997 un grupo de jóvenes mexicanos, preocupados por la dependencia de proveedores extranjeros de servicios de software, dieron respuestas efectivas. Softtek, firma de emprendedores en tecnologías de la información (TI), logró hacerse un sitio entre las grandes compañías del sector con un concepto nuevo que rompe con la lógica de las offshore: en lugar de abaratar costos trasladando el trabajo a un país extranjero y distante, centraron los procesos de TI en países de la misma zona geográfica, con similar huso horario e incluso la misma lengua y cultura.

Ofrecieron alternativas a las empresas que operaban proyectos en países distantes para generar un ahorro. Demostraron que si bien en principio la cercanía es más costosa, vale la pena: brinda un mayor contacto y control sobre los procesos, que se traduce en mayor productividad y disminuye los fraudes en propiedad intelectual. Hoy Softtek cuenta con 15 centros globales de servicios en el mundo, que dan respuestas en las mismas zonas geográficas, con lo que denominan el nearshoring.

El secretario general de CAF, Víctor Rico Frontaura, en un artículo en El País, señala -con razón- que la Covid-19 está imponiendo una nueva normalidad que incluirá cambios en los patrones del comercio que no se seguirán basando en una alta interconexión favorecida por los bajos costos y velocidad de producción y distribución de inventarios y mercancías. Al contrario, se premiaran otras variables como la resiliencia y la fiabilidad de las rutas internacionales.

Resalta, en el nuevo escenario, la oportunidad y relevancia del concepto de nearshoring que, además, se afianzará como una alternativa a los efectos del cambio climático. En medio de la pandemia, y como respuesta a la sostenibilidad ambiental, es y será más fiable un mayor contacto y control de las empresas, obteniendo bienes y servicios, acelerando los procesos de automatización y adoptando nuevas tecnologías en países cercanos.

Latinoamérica, para garantizarse un acceso previsible a mercados, ha privilegiado los TLC, que si bien no solo se centran en la reducción de aranceles, sigue enfrentando otras barreras que no favorecen las cadenas de valor entre vecinos. De ahí la oportunidad que brinda el planteamiento de Rico Frontaura, no solo por lo pertinente sino porque lo expresa el responsable del Organismo que bien podría ser el financiador de renovadas iniciativas regionales.

Señala una ruta muy clara. Primero, invertir en logística funcional: corredores entre vecinos con carreteras, puertos y aeropuertos que otorguen versatilidad. Segundo, fortalecer las pyme exportadoras mediante transferencias de conocimiento y financiación, encadenándolas con grandes empresas ancla para mejorar la calidad y alcanzar certificaciones internacionales. Para favorecer la conectividad, recomienda los procesos de transformación digital y la mejora de los servicios públicos que afianzarán los beneficios del comercio electrónico.

Flujos de comercio intrarregional generarían espacios de desarrollo económico local, pero necesitarían una gestión integral de fronteras que mejore la operatividad y optimice la gestión de riesgos. Curiosamente estos planteamientos, con muy pocos matices, nos recuerdan el origen y los inacabados desarrollos de la Comunidad Andina y el Mercosur. ¿Será que llegó el momento de la integración regional?

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