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Analistas 04/02/2021

Inmunización en veremos

En la última columna de 2020 hacíamos referencia a la urgente necesidad de la inmunidad colectiva (de rebaño) para enfrentar esta pandemia, y decíamos que con ese propósito, en varios países, se empezaban a distribuir y aplicar vacunas que acortarían los tiempos y las cifras de muertos.

En 2021, ante el imperativo de salvar vidas, impedir que los servicios de salud terminen de saturarse y superar los confinamientos para reducir los perjuicios económicos, es decisivo vacunar a las personas vulnerables y, de forma progresiva y sistémica, a los demás sectores de la población. No obstante, el ritmo de distribución y aplicación es absolutamente insuficiente.

En un mes y 10 días más de 25% de los israelíes han recibido al menos la primera dosis y muy pronto -los de mayor edad y riesgo- serán inyectados con la segunda y definitiva dosis. Esto equivale a 52,6 dosis por cada 100 habitantes. Esta relación entre dosis y habitantes baja a 30,4 en Emiratos Árabes, a 12,3 en Reino Unido, a 10 en Bahrein y a 7,9 en EE.UU.

En el caso de los países de la Unión Europea, pese a los esfuerzos de su Administración, que pretende que 80% de los mayores de 80 años y 80% de los profesionales sanitarios estén vacunados en marzo y 70% de la población adulta, para el verano, el retraso es ostensible. Dinamarca lleva 4,0 dosis por cada 100 habitantes, Eslovenia y Rumania 3,4; Irlanda 3,3; España, Portugal y Lituania 3,1; Italia 3,0 y sus locomotoras Alemania 2,6 y Francia 1,8. Su promedio es de 2,5. En Norteamérica el promedio de dosis es de 4,27 debido a los escasos resultados de Canadá 2,5 y México 0,5. Asia y Suramérica muy rezagados con 0,75 y 0,35 respectivamente, y África no alcanza 0,01 por cada 100 habitantes. Y Colombia -sin vacunas- que obviamente no figura en el Our World in Data, en palabras de su ministro de Salud, Fernando Ruiz, anuncia que tenemos “la capacidad de completar la totalidad del Plan Nacional de Vacunación en 2021, en 100%”.

Para motivar explicaciones del rezago colombiano en esta materia, traemos a colación las que Guntram Wolff, director del Centro de Reflexión Bruegel, da respecto de lo sucedido en Europa: Primero, no basta tener preparados los centros de vacunación sino hay suministros permanentes, de ahí que hayan tenido que disminuir la aplicación de las vacunas. Segundo, la UE, mientras verificaba la eficacia y asignaba un dinero insuficiente (3.790 millones de euros frente a los US$18.000 millones de EE.UU.), encargó tarde y no muchas vacunas Pfizer/BioNTech.

Tercero, las presiones de los movimientos antivacunas contribuyeron a que los gobiernos determinaran que la responsabilidad civil es de las empresas farmacéuticas, retrasando las autorizaciones de emergencia. Cuarto, algunas farmacéuticas han infringido los términos de sus contratos, por eso la UE -a diferencia de Colombia- amenaza con un mecanismo de transparencia para que se respeten las obligaciones contractuales o bloqueará las futuras exportaciones.

Por último, sin política de dinamismo industrial es difícil que aumente la capacidad de producción y, por ende, las existencias. Sanofi, bajo presiones francesas, ha aceptado utilizar su fábrica de Frankfurt para producir más vacunas de BioNTech/Pfizer y la antigua fábrica de Novartis en Marburg, Alemania, va a fabricarlas a gran escala.