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Europa impávida

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En la columna del 5 de mayo pasado nos preguntábamos si la Unión Europea es miope o cínica al enfrentar las presiones migratorias. Su incapacidad para ver las causas de la migración y su práctica descarada e impúdica para justificar el cierre de las fronteras, condenando a cientos de miles a depender de traficantes de personas que solo les brindan un futuro de muerte, explotación y discriminación, cuando necesitan de migrantes para sostener su estado de bienestar, no nos deja dudas.   

En los últimos días, el responsable de la división europea de Acnur, Vincent Cochetel, explicaba que las llegadas a Grecia han aumentado un 750% en los primeros 7 meses del año con respecto al mismo período de 2014 y en el último mes desembarcaron 50.000 “afortunados” que duermen a la intemperie, y  dependen de los voluntarios para obtener agua y comida, mientras el Mediterráneo se nutre de cadáveres, pues se cree que han muerto unos 2.200 en lo corrido de 2015. 

El primer jueves de este mes, un barco con 381 inmigrantes naufragó en el canal de Sicilia y al día siguiente se hundió una embarcación en la que viajaban centenares de inmigrantes con un saldo de 373 supervivientes y 25 muertos. Del 1° de enero al 31 de julio de 2015, según cifras de la citada agencia de la ONU, 225.000 inmigrantes llegaron a la UE, de los cuales unos 124.000 desembarcaron en el país heleno. 

Por su parte, se ha intensificado la crisis migratoria en Calais, donde muchos -después de jugarse la vida en el Mediterráneo- intentan llegar al Reino Unido a través del eurotúnel. La baja tasa de desempleo (5,6%), la no exigencia del documento de identidad y la ventaja del idioma son atractivos que los invita a continuar desafiando la muerte. Se estima que un 8% de los africanos que alcanzan la otra orilla del Mediterráneo llegan a Calais ocho días después, y en los últimos dos meses esta oleada dejó un saldo de 9 muertos. 

Así, en tierra la respuesta no difiere a la del mar, expulsiones de los inmigrantes ilegales que no son considerados refugiados políticos, aportes económicos para reforzar la seguridad en la región, crear una zona de espera segura para los camiones y más control a lo largo de las vías del túnel. Adicionalmente, Londres también se ha comprometido a financiar nuevas vallas de seguridad en las inmediaciones del eurotúnel, mientras que París ha completado un contingente policial de 550 hombres en la zona. 

La respuesta multilateral y unilateral de los europeos a las presiones migratorias, no solo refleja una ineficiente gestión administrativa, sino que cede ante los movimientos populistas xenófobos que se mantiene en ascenso y olvida, por un lado, la cercanía de las guerras de Siria e Irak -de las que por cierto tienen alguna responsabilidad por acción u omisión- y, por el otro, que Turquía necesita aligerar los millones de refugiados que hay en su territorio. Además, debe enfocar -en conjunto- la lucha contra las mafias, y lo más importante, redoblar los esfuerzos en la ayuda al desarrollo, tanto en los países de origen como en los de tránsito. 

La torpeza más notable que tienen que superar los europeos en conjunto (ciudadanos, gobiernos y la UE) es perderle el miedo a la migración, pues desde el siglo pasado la mayor amenaza al Estado de bienestar no son los extranjeros sino su realidad demográfica, pero insisten en cerrar las puertas a la migración de una mano de obra poco calificada que necesitan y que es la solución a la crisis que están viviendo.
 

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