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Respeto a los jueces

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Eduardo Verano de la Rosa

Una sociedad puede vivir sin cuerpos legislativos. Han existido y existen sin este instrumento central de la representación política. No es el deseo, y menos, en una democracia constitucional y en un Estado Constitucional de Derecho. Lo que es inconcebible es vivir sin jueces independientes e imparciales, ellos y ellas son la garantía de que las libertades y los derechos estén protegidos y que la sociedad sea civilizada. Su ausencia destruye la seguridad jurídica, el orden, la justicia y la paz.
Asimismo, sin obediencia a los jueces y a sus providencias, la sociedad queda bajo el yugo de la arbitrariedad de los más fuertes. Thomas Hobbes enseña en “Leviatán” que aún el más fuerte, sin la protección del Estado, su vida y derechos corre el peligro de que sean atacados e irrespetados. Son los jueces los que finalmente dicen lo que el derecho es o debe ser.
En consecuencia, la obediencia a las providencias judiciales, por parte de todos, constituye un aspecto central de las sociedades de las repúblicas democráticas. Es bueno recordar que Sócrates, Platón y Aristóteles -entre los filósofos- y Pericles y Solón -entre los gobernantes- de la antigüedad griega, tuvieron bien claro que las leyes son las que gobiernan los asuntos públicos y no los hombres.
Estas reflexiones las realizo ante la reacción de algunos sectores de la sociedad y, en particular, de personas y grupos con gran influencia mediática, en contra de las providencias judiciales y de sus llamados a que las desobedezcan. Mi invitación es a que reconsideren sus posturas porque están llamando a la destrucción del Estado Constitucional de Derecho.
A simple vista, estas invitaciones parecen un ejercicio democrático. Sin embargo, son lo contrario, deslegitiman la democracia y sus instituciones. La democracia se funda en el respeto a las reglas de juegos formales y materiales y en la confianza ciudadana. Sin ello, se abre camino a los totalitarismos de derecha y de izquierda. Debilitar la democracia es lo que se consigue al invitar a resistirse a los jueces.
Por ejemplo, el llamado a la rebeldía contra la sentencia de constitucionalidad 253 de 2019 de la Corte Constitucional en la que se declaran inexequibles apartes de los artículos 33 y 140 del Código Nacional de Policía es un acto político contrario a las reglas del Estado Constitucional de Derecho. Llamado irreflexivo que se apoya en falacias al sostener que todo el espacio público se autoriza para el consumo de bebidas alcohólicas y drogas sicoactivas.
Lo que dice la sentencia es que los apartes de las normas declaradas inexequibles son contrarias a la Carta Política porque su redacción son tan amplias y genéricas que carecen de razonabilidad y proporcionalidad, lo que puede conducir a prácticas arbitraras por parte de los policías. Igualmente, los ataques a la Jurisdicción Especial de Paz (JEP) y el llamado a no obedecer sus providencias son inadmisibles.
No lo son, sencilla y llanamente, porque una de las reglas de oro de la civilización, es la máxima de pacta sunt servanda (lo pactado obliga). Los pactos se suscriben para cumplirse de buena fe y la JEP es fruto de un compromiso de paz elevado a norma constitucional. La JEP y sus decisiones no se discuten ni se debe llamar a la rebeldía de las sentencias de las altas cortes y de todos los jueces. No.

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