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Ramiro de la Espriella: ilustrado del Caribe

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La vida de Ramiro de la Espriella puede resumirse en este rótulo: hijo de los ilustrados de la Región Caribe, hijo de una gran ciudad y de sus tradiciones, hijo de una cultura y una herencia que no se abandonan sino que se enriquecen, hijo de la tradición federalista y liberal, y como todo hijo de la ilustración, fue calificado como radical.

Radical por no tolerar la corrupción y la violencia que ha destrozado la democracia y la seguridad, radical por no admitir la burla a los derechos y las libertades civiles, políticas, económicas, sociales y culturales. Ramiro es un radical modelo de vida.

La palabra radical ha sido injuriada. Se trata lo radical como intolerancia, lo que confunde su verdadero significado porque la reinante corrupción en lo público identifica en los hombres radicales sus enemigos naturales porque todo ser radical que combate las asimetrías políticas, sociales y económicas en una nación profundamente desigual es puesto como blanco a destruir.

Ramiro entendió ser radical, como bien lo entiende la filosofía de la Ilustración, como la manera  de ir a la raíz de los fenómenos. Su radicalidad fue ir a la esencia social del hombre y de cómo debería vivir en una sociedad gobernada por la equidad y el bien común. No admitía traiciones a las causas justas ni abandono a las mismas. Fue un hombre rebelde, un político honesto.

Un intelectual a carta cabal que desde muy joven perteneció a los círculos de pensamiento de avanzada en la Región Caribe. Hizo parte de la pléyade de amigos de Gabriel García Márquez, Manuel Clemente Zabala, Héctor Rojas Herazo, Gustavo Ibarra Merlano y otros. Su amistad con ellos fue inmortalizada por García Márquez en “Vivir para contarla”. Influyó en el proceso de formación de García Márquez y en generaciones estudiosas.

En su devenir político fue un dirigente destacado del liberalismo colombiano, luchó dentro y fuera de sus filas para que el Partido y la sociedad colombiana se democratizara. Enemigo del modelo antidemocrático del Frente Nacional que tanto daño le hizo al país y que engendró la violencia que aún no se supera. Admirador del general Rafael Uribe Uribe y de la Regeneración.

Jurista y estadista de talla nacional, periodista de fina pluma y de alto vuelo en su pensamiento. Sus columnas constituyeron un faro que iluminó una mentalidad moderna en un país que se resiste a entrar en la modernidad. Fue un adalid de la lucha por el rediseño del Estado para que la sociedad política se reordenara en forma racional y justa. Fue uno de los primeros que enarboló la idea de una nueva Carta Política y de la lucha por ella.

Docente e investigador que exigía calidad a docentes e investigadores. Tenía clarísimo que la calidad educativa tenía que asociarse al concepto clásico de formación del espíritu humano, por lo que la labor docente debería estar encaminada a la formación de ciudadanos y ciudadanía. La cultura era un templo que tenía que ser respetado y debería ser la luz para la educación del hombre.

No abandonó la lucha por la libertad política de la Región Caribe. Apoyó el Voto Caribe y la lucha por la Autonomía de la Región Caribe. En la revista de la Facultad de Derecho de la Sergio Arboleda dedicó un número especial a la lucha por la autonomía regional e invitó a Amilkar Acosta, Juan Pabón Arrieta y a mi persona, entre otros, a escribir en ella para apoyar la lucha por la regionalización. Su vida es un modelo a seguir, su forma de ser radical es digno de seguir. Paz en su memoria.

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