jueves, 16 de julio de 2020

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La peste es una compañía indeseable para la especie humana. Una pésima compañía; sin embargo, es una compañía que, está presente o al acecho. No se puede ignorar su existencia inmediata o futura. Es una compañía indeseable que, por fortuna, cuando se hace presente, estará de visita y su estadía, depende de las medidas que se adopten ante tan desagradable y mortífera compañía.

La peste, cuando nos visita pone a prueba la fortaleza de las instituciones políticas y los gobiernos de los Estados. La presencia de la peste o el peligro de su visita tiene que ser prevista por las autoridades. Dirigir es prever. Es ver con anticipación y prepararse. El que no gobierna bien, es desbordado por la visita de la peste. Es por este motivo, que los Estados y los gobiernos deben tener instituciones políticas que permitan enfrentar la peste. Sin instituciones políticas adecuadas no es posible superar la peste con bajos estragos y víctimas.

En este sentido, la democracia es la mejor forma de gobierno para enfrentar la peste. Es que, la democracia es deliberación plural. Es escuchar a todos en condiciones de simetría. El gobierno de la democracia es el gobierno de todos. En la democracia no existe propiedad de los saberes y de la verdad. En la democracia nadie es propietario de la verdad de la ciencia ni dueño de la decisión política. A todos nos asiste el derecho de participar en la deliberación para enfrentar a la peste. La centralización política niega esta verdad.

La peste en la literatura occidental se nos aparece en el primer canto de La Ilíada del gran Homero. Este canto no en vano se titula Peste- Cólera. El ejercito aqueo se prepara para atacar a Troya y es víctima de la peste y de la lluvia de flechas disparadas por los troyanos. Los aqueos conocen que, la mejor forma de enfrentar la peste y el ataque troyano no es otro que, acudir a la deliberación del ejercito aqueo en la institución clásica de la democracia directa: la asamblea, en las que todos tienen libertad de palabra. La decisión siempre es tomada por los aqueos como griegos que son, en democracia.

Aquiles, convoca al pueblo al ágora: a la asamblea. Es la asamblea, no el comandante - rey, el que decide. Es la asamblea, la que delibera y decide. La decisión de la asamblea aquea es consultar con el adivino, este portador de los mensajes de los dioses, por tanto, portador de los conocimientos divinos. Se consulta a la ciencia. No a los dueños de la ciencia. La metáfora del adivino es la del carácter divino de la ciencia y del derecho de todos a participar en su consulta y aplicación, huelga anotar, en forma democrática.

Otra obra literaria en la antigüedad griega que relata la peste y la forma de combatirla y expulsarla de la ciudad de Tebas es Edipo Rey. Sófocles, tiene en la peste su eje central. No es la solución del enigma de la Esfinge el tema central de la obra. Es la peste como maldición divina el tema de Edipo Rey.

Sófocles, además, identifica la tarea esencial del gobernante, salvar la vida de los gobernados. Su énfasis es ese, no las riquezas materiales. La pone en lenguaje divino, en la voz del sacerdote que le dice a Edipo Rey: “Pues, si vas a gobernar esta tierra, como lo haces, es mejor reinar con hombres en ella que vacía, que nada es una fortaleza ni una nave privada de hombres que la pueblan”. Este es el secreto de un buen gobierno: salvar vidas en forma urgente y gobernar en forma democrática.