Analistas

La necesidad de reformar el Estado

Tenemos un Estado débil, debemos reconocerlo. Las causas que generan su debilidad están a la vista. Un velo nos cubre los ojos e impide verlas. Primero dijimos que era la violencia y ahora la corrupción, más no vemos lo que tenemos que ver: las causas políticas. Es un problema de la política el origen de la debilidad del Estado. Es mi opinión.

Es la debilidad del Estado de Derecho la causa de la corrupción y de la violencia, allí puede crecer, en forma silenciosa, las raíces del populismo y el Estado totalitario. Este es un enemigo mayor porque arruina la sociedad en su conjunto.

En una guerra los estados se debilitan -eso lo sabemos los colombianos que la padecimos por más de 50 años- y son las causas de esos conflictos, su vulnerabilidad. Venezuela, por su parte, nos enseña que la debilidad estatal conduce al populismo y al totalitarismo, y la corrupción crece.

Una democracia y unas instituciones poco democráticas en un mundo globalizado son la fuente de la debilidad del Estado. La violencia y la corrupción son un asunto de la ética, pero una sociedad será recta y vivirá de esta forma si obedece el derecho, y para esto se requieren instituciones que hagan posible tal obediencia. El eterno ejemplo de Sócrates que bebió la cicuta es una prueba ética.

Libremente, en el plano moral, Sócrates se negó a eludir el cumplimiento de la sentencia injusta. Su alegato a favor de la democracia ateniense fue el soporte de su obediencia. Se sentía orgulloso de su democracia, el ciudadano se formaba en la vida pública, en la democracia y sus instituciones. Enseñó, con su ejemplo, que desobedecer las leyes destruía los cimientos de la democracia y conducía a la ruina de la sociedad. Atenas auspiciaba con sus instituciones democráticas una vida común, rica en moralidad.

El discurso fúnebre de Pericles, en la versión de Tucídides, constituye una pieza de extraordinaria belleza en la que se enseña a la humanidad cómo Atenas era engrandecida por la política como ciencia y actividad del bien común, fundada en unas instituciones democráticas. La participación ciudadana hizo grande y ética a Atenas.

Es escandaloso y triste el espectáculo actual de corrupción en todas las ramas del poder público en Colombia, muestra de la debilidad de nuestro Estado de Derecho.

Repugnante ver a altos servidores públicos envueltos en una red de corrupción, enredados en caminos contrarios a los que debían estar transitando. En vez de ser modelos de vida pública y privada, son delincuentes ¿Cómo accedieron al poder? Bajo las reglas de ese débil Estado de Derecho y su democracia.

Es en el escenario de la actual democracia globalizada y en el Estado de Derecho que accedieron al poder y lo ejercieron para beneficio privado. He aquí la fuente de la violencia y la corrupción.

Poner el poder y la política a favor de los intereses privados y convertir a los partidos políticos en canales de acceso a estos intereses es la fuente de la debilidad del Estado y de la fragilidad de nuestra democracia.

Ya Maquiavelo lo decía: “La razón es evidente: lo que hace grande a las ciudades es la tutela del bien común, no del interés privado. Y lo cierto es que las repúblicas son las únicas que miran por el bien común y todo lo subordinan a ese propósito”.

Reflexión: hay necesidad de seguir las recomendaciones de Maquiavelo y de Sócrates. Me he convencido de la utilidad de reformar nuestro Estado y la democracia para fortalecerlo, ese es el camino de la equidad.