Analistas

Jorge Eliécer Gaitán, tolerancia y memoria del 9 de abril

La nación colombiana no olvida a su Jorge Eliécer Gaitán. El líder político más carismático del siglo XX jamás podrá ser borrado de su imaginario por lo que significa y re-significa su proyecto político para la creación de una república democrática.  

 
No es suficiente recordar su proyecto político, hay que escarbar en la memoria histórica del país para darse de frente con lo que proponía para Colombia.
 
Su muerte frustró un camino despejado. Era la construcción de una república tolerante, diversa y en la que se impulsara la equidad como medio para alcanzar justicia social y política. Su asesinato fue un triunfo de la intolerancia.
 
Asesinatos, desapariciones, violaciones, desplazamientos forzados, ejecuciones extrajudiciales, persecuciones políticas y el surgimiento de grupos armados ilegales siguieron a su muerte. Se entronizó el terror político en Colombia.
 
Un proceso de paz para superar las consecuencias del asesinato de Gaitán, diseñado y acordado por las élites políticas, a espaldas de la población, con la alternación y el bipartidismo, empobreció el modelo democrático y no generó ambiente de paz, por el contrario, promovió desigualdad y exclusión en todo el país.
 
Años de violencia trataron de dejarse atrás mediante un proceso de diálogo. La esperanza de que la oposición fuese incluida en el mapa político nacional y se desarmara el movimiento armado, permitió el nacimiento de la Unión Patriótica (UP).
 
Este movimiento político fue exterminado y en su aniquilación participó parte del Estado, fruto de la intolerancia al reconocimiento de lo diferente lo que ocasionó más violencia, de la cual no hemos podido salir.
 
La Carta Política de 1991 fue un intento de ser un tratado de paz. No lo consiguió con todo y el avance que ella significaba. Sectores antidemocráticos con reformas constitucionales mediadas solamente por el parlamento, la han debilitado.
 
Hoy, un nuevo proceso de paz está en curso. Es necesario apoyarlo. Hay que legitimarlo y no existe mejor medio que el de las negociaciones políticas de toda la sociedad, el movimiento armado y la intervención del gobierno, no importando quién sea el Presidente de turno. 
 
Todo lo que se refiera a la paz es un asunto de Estado, no sólo del gobierno. Es una oportunidad para rediseñar el modelo de Estado centralista en el que estamos inmersos porque creemos que se queda corto ante una sobrevenida etapa de postconflicto. 
 
El Voto Caribe le ha dicho al país que el centralismo es un mal vestido que no encaja en el cuerpo diverso de esta Nación. Una convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente es un medio legítimo para brindar herramientas que fortalezcan las regiones en beneficio de un país equitativo.