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Auschwitz, memoria contra olvido

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Eduardo Verano de la Rosa Exgobernador del Atlántico

El olvido es una buena receta para pasar la página y superar situaciones que nos causan dolor o vergüenza. El olvido, es la regla a la que, se suele apelar por consenso político en las sociedades que han padecido injusticias provocadas por la conducta humana. El dolor tiene que ser superado necesariamente para reconstruir el tejido social. Esto explica, la existencia del derecho humano al olvido. El derecho al olvido, para disfrutarlo, requiere de arrepentimiento y cumplimiento sagrado de las reparaciones por parte de los responsables.

La ofensa debe ser reparada y luego de las reparaciones debe olvidarse la ofensa y seguir la página. Es lo normal que tiene que ocurrir. De esa manera, está consagrado el olvido en el ordenamiento jurídico y político de las sociedades civilizadas. Pero lo normal o lo que puede soportarse como normal, en una injusticia, es lo que puede ser olvidado se olvida, luego de las reparaciones y el arrepentimiento. Es inconcebible, la impunidad frente a las faltas. La forma como reparar admite negociaciones políticas y jurídicas.

Lo que no admite olvido y no es reparable es lo absolutamente irreparable. Hay cosas que no pueden ser olvidadas. En esto existe consenso político universal. Es que, el derecho al olvido, como todo derecho tiene sus límites. Y, el límite al olvido es lo que no puede ser perdonado por carecer de una posible comprensión humana. Lo que, no puede ser comprendido no puede ser olvidado. El mal banal, lo llamaba Hannah Arendt, el mal que no tiene perdón y no puede ser olvidado y perdonado, es la política de exterminio humano.

Lo que no puede ser perdonado y olvidado, es el campo de concentración y de exterminio. Lo que no puede ser olvidado, entre otros, es Auschwitz. El mal por el mal, el mal banal, no tiene perdón del hombre ni de los dioses. La política de exterminio de la humanidad o de una parte de esta, no puede ser olvidada. Auschwitz, fue y es el modelo de lo que no puede ser olvidado. Fue la puesta en práctica de una política de exterminio de una cultura: la cultura judía. No fue un holocausto, fue una catástrofe, fue la Shoa. Primo Levi, lo explica: “Los Lager alemanes constituyen algo único en la no obstante sangrienta historia de la humanidad: al viejo fin de eliminar o aterrorizar al adversario político, unían un fin moderno y monstruoso, el de borrar del mundo pueblos y culturas enteros. ”. “Si esto es un hombre”. P. 222.

No fue un holocausto, porque en los textos sagrados, de toda cultura, es el sacrificio que los humanos le ofrecían a los dioses con el fin que estos protegieran a los humanos. En cambio, la política de campos de concentración y de exterminio de judíos, fue algo inadmisible en la cultura humana. Es el mal por el mal. Es el mal que niega la condición de humano a la humanidad misma. Porque es el odio al diferente. Levi agrega: “La aversión contra los judíos, impropiamente llamada antisemitismo, es un caso particular de un fenómeno más vasto: la aversión contra quien es diferente a uno”.

En este mes cuando se cumplen 75 años de la derrota el nazismo y de su política de exterminio del judío por ser diferente, es hora de recordar a este pueblo que ha sabido resistir. En Auschwitz y en el resto de los campos, no solo se exterminaba a los judíos, se nos exterminaba a toda la humanidad. Nuestros hermanos judíos siguen en pie y el nazismo dejo una triste historia de inhumanidad y barbarie. No olvidar es la tarea. Son tiempos de memoria.

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