Analistas

“No han afán de paz”

Cada año que pasa, los otrora días santos ya no lo son tanto, y los colombianos, con algunas significativas excepciones, se dedican más a reflexionar que a rezar; y con perdón de los creyentes eso me parece altamente positivo, pues seguimos siendo una sociedad enemiga de la planeación, propensa al inmediatismo y a la improvisación.

En ese marco pseudo-religioso se produjo la liberación de los policías y soldados que quedaban en poder de la guerrilla y son mucha las reflexiones pertinentes. La primera hace relación al Presidente de la República a cuyo talante de jugador de póker y pragmático impenitente no acabamos de acostumbrarnos. Manifestar que quiere la paz pero que no tiene afán, debía producir una conmoción en un país que tras más de medio siglo de guerra, busca desesperadamente cualquier procedimiento para acabar con esta pesadilla; pero cuando recordamos que es el mismo Presidente el que afirmó que “solo los idiotas no cambian de opinión”, tendremos que esperar que el jugador prime sobre el estadista, y que en el descarte, Santos nos sorprenda con un full o con un póker de ases, así nos toque apostar restos a su reelección que suponemos será el fin de esta partida.

Estoy de acuerdo con los que afirman que no se puede interpretar como una bondadosa concesión de la guerrilla la liberación de los secuestrados ni sus ambiguos pronunciamientos de encontrar un camino diferente para llegar al final del conflicto. Timochenko y sus socios, tienen que entender que le han fallado al país en reiteradas oportunidades y que quienes somos partidarios de buscar vías alternas a la guerra para solucionar el conflicto, estamos arrinconados por la pérdida de argumentos frente al incremento de la barbarie. Para la guerrilla dejó de ser útil a sus propósitos la tenencia de rehenes. Se incrementaron sus costos logístico y político, y el secuestro se volvió un arma en su contra. Timochenko lo entendió y eso explica el cambio de estrategia. En lo que se equivocan los guerreristas de nuestros clubes es en atribuir a debilidades o derrotismo esta decisión de los alzados en armas. Sería insensato desconocer el avance de las fuerzas armadas; pero el cambio de estrategia de los bandos en conflicto, muestra que la guerra irregular, al menos en nuestras circunstancias, tiene mil factores a su favor que la hacen inacabable por la vía que pretenden los apóstoles de la tierra arrasada.

Aceptar que existe un conflicto armado interno para someterlo a los convenios internacionales que hemos suscrito en Ginebra, es un avance antes que un retroceso. La guerrilla tendrá que aceptar que a la luz del Derecho Internacional Humanitario, no puede impunemente seguir atentando contra los Derechos Humanos sin que eso le acarree consecuencias que no serán fáciles de remover en una posible negociación. El Gobierno por su parte tampoco puede seguir dando muestras de absoluta inflexibilidad por no molestar a su antecesor. Su turno pasó y sus errores o aciertos los juzgará la historia. El turno para jugar es del presidente Santos y el país tiene afán, pues sólo los idiotas quieren que la guerra no termine.

NB. Como los jugadores de póker juegan con la sorpresa, abrigamos la esperanza de que el Presidente cambie de opinión frente la candidatura de José Antonio Ocampo a la presidencia del Banco Mundial. Nada justifica una posición contraria a esa merecida aspiración. Hay formas menos traumáticas para prescindir de Angelino Garzón.